LIBERANDO PRESION.
A lo lejos pude vislumbrar la sombra de un hombre, claro eso si mis ojos no me engañaban.
Me asusté así que tome por el brazo a Jeanette y la arrinconé de modo que no nos viéramos ninguna de las dos.
--¿Me vas a besar o algo así?—Inquirió—Porqué si es así de menos podrías decirme algo bonito, ¿no crees?
--Jeanette, no te voy a besar—Le aclare susurrándole al oído—Lo qué pasa es que vi a alguien allí afuera.
--Demonios, pensé que me ibas a besar.
--Después, ahora tenemos que salir de aquí.
--Primero hay que pensar en cómo te vas a vestir ¿no?—Me aclaro—después pensamos en cómo salimos de aquí.
--Tienes razón ¿Cómo me voy a vestir? Esta maldita toalla esta atiborrada de agua, no soportara más y se me caerá de nuevo.
--Y veré de nuevo tus miserias
Le lancé una mirada furibunda, porqué ese “Tus miserias” no me era de mucha ayuda para él autoestima.
--Sabes que, mejor me cambio en un lugar donde si me quieran.
--¡Huy qué sensible!
Salí a husmear un poco para, ver si ya se habían ido los intrusos y así era así que me dirigí de nuevo a los vestidores de mujeres.
Estaba algo meditabunda, ¿Por qué? no sé, pero lo estaba. Quizás esa tristeza ya había consumido lo poco que quedaba de mí.
Un motín de pensamientos atacaba mi cabeza, confundiéndome, castigándome, obligándome a pensar en Javier una vez más. En mi pelea interna, llegó una idea que me pareció absolutamente estúpida. Quizás yo ya había olvidado a Javier, pero eso era totalmente ilógico porque no hacía más que un mes y medio que había terminado con él. Y se dice que tardas la mitad del tiempo en que estuviste con esa persona para olvidarlo a mi me tomaría cinco meses y cachito hacerlo. Y era totalmente tonto que al pasar un mes y medio ya lo hubiese logrado.
Esa tenía que ser una triquiñuela de mi subconsciente y mi corazón para probarme. Se debían asegurar de que mi amor por Javi aún no había muerto y pues así era seguía vivo en mi interior. Lacerándome como siempre.
Llegué a la banca donde me había quitado la ropa antes, mi cabeza explotaría y a mis ojos se les desbordaban las lagrimas.
Tomé un poco de aire, pero esto no me calmaba, mis pulmones estaban contraídos. Al parecer se rehusaban a recibir aire. Querían sufrir conmigo o hacerme sufrir más, cualquiera de esas dos, era parte de mi nuevo golpe de depresión repentino.
Puse mis manos sobre la cara. Sentía que el cuerpo se me acalambraba, no era justo. Sentía que le hacía daño a Jeanette con mis frecuentes caídas de ánimos, ella se esforzaba mucho por subirme el ánimo y yo me estaba dejando caer al abismo.
Ella no se merecía eso, tenía que hacer un esfuerzo por salir adelante. Tenía que esforzarme más por salir a flote por ella que se desvivía en protegerme y se lo agradecía con toda el alma.
Más que mi mejor amiga, ella era ahora mi hermana, mi complemento.
No había peor cosa, que una persona que se niega a salir del hoyo, y eso terminaba por sacar de quicio a las personas que estaban alrededor.
Suspiré una vez más y puse en marcha mi nuevo objetivo.
¿Qué cual era? Pues salir adelante por mi amiga. Ella que sacrificaba fiestas, reuniones familiares y demás compromisos sociales por estar conmigo, para sacarme de esta estúpida y repetitiva depresión. Y yo no podía defraudarla echándome para atrás, así que esta decisión era definitiva. No había vuelta de hoja.
Ahora mi antigua yo tenía que regresar, mejorada y aumentada.
Me puse de pie. Busqué con la mirada a Jeanette; no lograba encontrarla, hasta que sentí un pequeño golpecillo en mi espalda.
--¿A quién buscas?
--A ti
--A pues ya estoy aquí—Me sonrío—Toma tu ropa hunny.
Mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. Tenía a la mejor persona, al mejor angelito a lado mío y llevaba por nombre Jeanette.
--Gracias amore—Le devolví la sonrisa—Te quiero tanto
La abracé. Bueno más bien la estrujé con todas mis fuerzas, derramé unas lágrimas de felicidad.
--Gracias por todo amore, en verdad gracias.
--No me agradezcas, lo hago porque te quiero y mucho.
Ambas lloramos. El momento lo ameritaba. Hasta que se alcanzo a oír un portazo, las dos saltamos del susto. Casi gritamos, pero en vez de eso huimos al closet donde estaban las toallas limpias y demás cosas para el equipo de natación de la escuela.
--¡Cámbiate rápido hunny!—Me ordeno mientras vigilaba por la ranura de la puerta—No es seguro estar aquí.
--Si, si ya voy—Susurré mientras me vestía—Solo sigue cuidando que nadie venga para acá, mientras me visto lo más rápido que puedo.
--Está bien, pero apresúrate ok
--Si
Seguí cambiándome, pero me di cuenta que en mi maleta, no solo había ropa deportiva, había otro atuendo bastante lindo, así que cambie de opinión y opté por ponerme ese y no unos pants. Que mejor manera de empezar a salir adelante, que poniéndome mi ropa de antes.
Termine de cambiarme. No sabía cómo me veía así que llame a Jeanette
--Ya acabe.
Ella se dio la vuelta. Puso los ojos como platos.
--¡Por dios!—Tartamudeaba—Hunny pero que cambiazo. Me agrada te vez…
Lo dijimos ambas, al mismo tiempo.
--¡SEXY, SEXY!
Reímos jubilosas
--Lo sabia soy, ¡sexy sexy!—Reí de nuevo—Bueno nena vámonos porque en la cafetería seguramente abra mucha gente y quiero un buen tajo de pastel de chocolate.
--Si que rico, yo quiero una hamburguesa—Se saboreo en su mente esa deliciosa hamburguesa llena de grasita—Así que andando.
Empezamos a caminar, por el pasillo. Mis tacones hacían un ruido lindo, cuando yo caminaba. Era un ruidito que hace mucho no escuchaba, a decir verdad desde que rompí con ese…
Había dejado de usar, tacones y ropa linda. Desde el día del rompimiento con ese tipo, solo usaba ropa varias tallas más grandes que la mía y holgada. Hasta el día de hoy que volví a usar mi ropa in.
--Hunny, ten cuidado no te vayas a caer recuerda que hace mucho tiempo que no usas zapatos de tacón.
--Si lo sé hermosa, pero no te preocupes, lo que bien se aprende nunca se olvida.
Seguimos caminando, por el pasillo de regaderas hasta salir por, la puerta principal de la alberca, caminamos un poco mas hasta llegar a la glorietita principal, que está justo en el centro de la escuela donde todos los alumnos se reúnen allí al termino de cada clase. Recordé que mis lentes estaban en la valija, así que los saqué y me los puse. Seguí caminando como si nada hasta que Jeanette me recordó algo muy importante.
--Oye hunny…
--Mande amore
--¿Y tu ropa mojada y sucia?
Petríficada, miré a Jeanette.
--¿Qué voy a hacer amore?
--No te preocupes—Me explico—Yo voy por la ropa y tu solo espérame donde siempre ¿Si?
--Está Bien.
--¡Hey!, procura no caerte ¿Si?—Me solicito—Y también procura caminar como toda una diva, que vean que tú has regresado.
Sonreí gustosa
--Da eso por hecho amore.
Jeanette tomo su camino, y yo el mío. Pero como le había prometido, yo luciría como toda una diva. Bella y siempre con estilo, aunque por dentro estuviera destrozada, eso no debía aparentarlo mi rostro. Así que puse mi sonrisa más linda y creíble que tenia y seguí caminando como si fuese una pasarela.
Vi varias caras asombradas a través de mis lentes obscuros, como de mosca, me miraban perplejos. Seguí como si nada, hasta que enfrente de mí se apareció Angelique
--Pero que patética eres, ¿Crees que con ponerte tu ropa de antes ya eres genial de nuevo?
Su petulante tono de voz, me sacó de quicio así, le conteste.
--No me creo genial Angelique, lo soy por mucho que te pese
--Ay linda si lo fueras, Javier jamás te hubiese cambiado por mí—Esas frases habían sido un golpe bajo para mí— ¿Y eso que nos quiere decir? Que no eres tan genial como piensas.
--Mira, era obvio que Javier me cambiaria por ti, tú eres una ofrecida callejera de mala muerte y yo no querida. Tengo clase, algo que tú no conoces. Y sabes que quítate de mi camino que, no perderé más tiempo hablando con una…
--Estúpida, ofrecida como tú
--Exacto. Jeanette tiene razón, así que cuídate, no te deseo nada malo, pero las enfermedades de transmisión sexual están de moda eh. Mucho ojo.
A eso se le llamaba dar una cachetada con guante blanco, como diría mi abuelo. Angelique era una vulgar, pero yo no. Le dije zorra pero de una forma educada. Y a eso se le llama clase.
Suerte que Jeanette estaba justo detrás de mi si no quizás, me hubiese pasado algo malo, con eso que las que son corrientes siempre sacan el cobre a la hora de los golpes. Y no es que a mí me dieran miedo los golpes, pero apenas estaba regresando al mundo real, así de vulnerable como me encontraba quizás si me hubiese podido dar una buena golpiza esa… arrabalera
Jeanette me tomo por el brazo y seguimos caminando hasta la cafetería.
--¡Yeah! Hunny, le contestaste bien y bonito—Estaba feliz—Tal y como se lo merecía esa zorra de mala muerte.
--Exacto, ya vez estoy regresando a ser yo.
--Si y eso es lo más genial, aparte de que comeremos antes que nadie.
--¿Por qué comeremos antes que nadie?
--Porque, no hay nadie en la fila, así que apresúrate que ya me gruñe la tripita de hambre.
--Hahaha ok—Corrí lo más rápido que pude—Jeanette hay pastel, hamburguesas, papas a la francesa y panques ¡Que rico!
--Si—Hablaba con la boca llena—Ya me di cuenta, estos panques están deliciosos.
--Genial—Me postre enfrente de la cocinera con una charola en la mano—Sírvame, una rebanada de pastel de chocolate, una hamburguesa, papas a la francesa y 2 panques, por favor.
--Claro—Puso las cosas en la charola--¿Gustas algo de beber?
--Si
--¿Coca cola?
--Claro
--Aquí tienes cariño—Me sonrío—espero lo disfrutes
--Claro que si—Le devolví la sonrisa--¿Cuánto es?
--Son $75 pesos
--No, ¿Cuánto es de las cosas de Jeanette y las mías?
--Son…déjame ver--Hizo una cuenta en su calculadora-- $150 pesos cariño
--Gracias—Saqué los billetes y pagué la comida—Es muy amable.
--Gracias a ti cariño.
De pronto alguien hablo detrás de mí.
--Disculpa, me das permiso hermosa—Toco la parte de atrás de mi hombro—Necesito la cátsup.
Me quede helada, nadie me tocaba más que Jeanette, y este tipo osó tocar mi hombro, se que se oía un poco petulante decir eso, pero es que nadie me tocaba ni por accidente desde hace mucho. Con eso que hacia pocas horas antes, era una depresiva que era blanco fácil de todas las desgracias. Bueno aun lo era solo que ahora lucia mejor.
Me di la vuelta para ver quién era.
No hay comentarios:
Publicar un comentario