--No. No voy a decir algo que no pienso—Tome su mano derecha, quitándola de su rodilla—Pero, tampoco voy a mentir. Pienso que…
--¿Qué?—Inquirió— ¿Qué estoy loca y desesperada?
--No. Pienso que también es necesario que… pues que te sientas amada de la forma que tú quieres—Tenía que admitirlo. A veces cuando más acorralada te sientes siempre esta tú pareja para ayudarte y aconsejarte—Eso es lo que pienso. Así que estoy segura de que llegara pronto a tú vida alguien que merezca tú amor.
--Realmente eso quiero—Me miro. Sus ojos estaban rojos como los de un conejo y llenos de lagrimas—Solo eso.
--Lo sé—La conforte. Pero en mi voz había una pequeña nota de nostalgia, que ojala ella no haya notado—Te entiendo.
--Por eso eres mi hermana. Tú si me comprendes—Se acercó para que la abrazara—Por siempre juntas ¿De acuerdo?
--De acuerdo—La abracé—Hermana… mi hermanita
De repente sonó el celular de Jeanette con la canción “Attention”. Contesto y era su mama.
--¿Bueno?—Limpio sus lagrimas con la manga del suéter— ¿Quién es?—Me miro extrañada, como cuestionándome si tenía idea de quién era—Ahh… Mamá. Si ya vamos. Ok Adiós.
--¿Qué dijo?—Inquirí con sumo interés--¿Pasa algo malo?
--No—Frunció el ceño—Solo me llamo para recordarme que llegan dentro de dos semanas. Y que cuide bien la casa. Solo eso.
--¡Que seca!—Arrugue la nariz en señal de molestia—Jeanette ya es tarde vámonos ¿sí?
--Si—Me miro de nuevo con lagrimas entre los ojos—Solo voy por mi maleta de ropa y los boletos. Y no vamos.
--Ok—Le dedique la sonrisa más cálida que tengo—Aquí estoy para ti. Siempre.
--Lo sé—Estiro la piel de sus mejillas, al parecer era una sonrisa—Te amo hermanita.
Le guiñe un ojo, salí de su cuarto. Baje las escaleras hasta llegar a la sala y allí me senté a esperarla.
Sentía que el corazón se me partía en dos. Ella estaba triste por falta de amor. Y yo en lo único que pensaba era en si seguiría poniéndome atención.
No soy ni fui buena amiga con ella. No estaba al tanto de sus necesidades ni de sus sentimientos. Solo pensaba en mí. Todo tenía que estar alrededor de mí. Maldito egoísmo.
¿Realmente puedo llamarme amiga? —Pensé hacia mis adentros— ¿Lo soy?
No estaba segura de poderme responder esa pregunta a mí misma, pero de lo que si estaba rotundamente segura era de que yo estaba pensando demasiado en mí y nada en ella. No era justo.
Había arrastrado hasta la miseria a Jeanette también. Y ella siempre estaba feliz, bueno casi siempre.
Era horroroso que yo estuviese destruyendo las ilusiones y la vida de mi hermosa Jeanette. La estaba condenando a vivir siempre sola y acompañada de una depresiva amiga como yo. Llegue a pensar que quizás por mi culpa y por mi compañía ningún chico se le acercaba.
Ella bajó más pronto de lo que yo esperaba. Con una valija que aparentaba pesar poco. Pero las apariencias engañan.
--Ya estoy lista—Me informo. La mire de reojo y aun tenía cara de haber llorado más en su habitación—Vámonos.
--Claro—No pude mirarla a los ojos. Únicamente me limite a contestar— ¿Tienes todo?
--Si no olvide nada—Se paro detrás de mí. Lo pude sentir—Vamos anda.
--Si—Le quite las llaves de las manos, sin mirarle el rostro—Vamos—Tome su maleta. Pesaba toneladas—Aun tenemos que arreglarnos.
--Es verdad—Su voz reflejaba más tristeza que antes.
Me adelante y salí antes de la casa para poder acomodar la maleta en el porta equipaje. Pero no me había percatado que las llaves no eran del Dodge Charger 69 de color negro en el que habíamos llegado. Si no del auto que el padre de Jeanette le había obsequiado una Lincoln Navigator 2011 muy lujosa y de color negro como su Charger. Yo no conocía por dentro esa camioneta. A ella no le gustaba llevarla a la preparatoria, se le hacía presuntuoso aparecerse en una escuela pública con tremendo auto. Aparte de que era una invitación abierta a cualquier delincuente. Era demasiado lujosa y cara.
Esa camioneta había sido una forma de reivindicarse de sus padres con ella. Le habían hecho pasar un trago muy amargo y que mejor que supuestamente hacer sentir mejor a su hija que dándole un regalo caro.
Yo no metería mis narices en ese asunto, cuando me entere de ese regalo me puse como una fiera. Estaban comprando el perdón de su hija. Por dios, eso me ofendía. Pero no cometería de nuevo el error de opinar acerca de ese tema. Cuando lo hice Jeanette y yo terminamos peleando y nos dejamos de hablar cerca de un mes. Fue el peor mes de mi vida.
Bufé y me di la vuelta. Me dirigí hacia la cochera.
--No la vas a poder abrir—Me dijo ella—Déjame abrirla desde adentro.
--Ok—Asentí
Al menos esa camioneta estaba bien protegida. Se abría desde adentro y con sistema de alarmas y sensores en la cochera. Supongo.
Sería una lástima que ese regalo del mal fuera robado. Y me daría más lástima porque aunque Jeanette no usara mucho esa camioneta, la adoraba.
Se abrió la cochera, poco a poco. Lo primero que pude observar fue la defensa negra con faros para la niebla. Después allí estaba totalmente al descubierto ese monstro de camioneta. Era grande y lujosa. Brillaba demasiado. Estaba rechinando de limpia. Sus faros delanteros eran más grandes que mi cabeza o quizás estaba alucinando de la sorpresa.
--Anda, ya puedes guardar la maleta. Yo iré a cerrar algo dentro de la casa y vengo—Me indico con el dedo índice de su mano izquierda—No tardo.
--Está bien—Trate de tragar saliva. Estaba helada de la impresión—Aquí te espero.
--Bien—Se metió de nuevo a su casa, por la puerta que había dentro de la cochera.
Trate de que no me temblaran las manos. Tome las llaves y pulse el botón con el que se quitaban los seguros de las puertas. Y después abrí la cajuela con otro botón que había en el pequeño control de las llaves.
Los interiores eran color beige. Y el espacio de la cajuela era muy amplio. Coloque la valija en la esquina derecha. Detrás de un asiento. Cerré la portezuela con sumo cuidado, tenía miedo de que le pasara algo a la camioneta.
Me dirigí a la parte delantera de nuevo. La puerta era realmente brillante a pesar de la pintura negra. Podía ver mi reflejo. Abrí la puerta y me introduje en la camioneta de un solo salto.
El asiento era cómodo, demasiado cómodo. Había también demasiados botones a mi alrededor, en el volante, en la puerta, en el techo y en donde se suponía debía ir un estero normal. Pero no era así todo era demasiado glamoroso. Me asustaba y me daba miedo que al picar uno de esos botones se descompusiera la camioneta. Era un auto marciano.
Y para mi sorpresa me encanto. Esa camioneta alienígena me había fascinado. Ahora lo que hacía falta saber era si podía correr a más de 180 km/h. Tomé el volante entre mis manos y lo apreté. En mi cara apareció una sonrisa de emoción la pude ver gracias al espejo retrovisor y yo no entendía el porqué de ella. Ni siquiera era un auto compacto y veloz como para que me encantara así.
Me mordí el labio inferior.
--Estoy lista—Lo dije en voz alta—Si que lo estoy.
Puse las llaves en el switch y encendí el motor. Inmediatamente se sintió la vibración que se produce cuando esta encendido y sus 118 caballos de fuerza me hicieron hervir la sangre de la emoción. Quizás porque nunca había conducido un auto tan lujoso. Tan caro.
Me abroche el cinturón de seguridad. Y me acomode en el asiento. Trate de calmarme. Ya me estaba imaginando como luciría conduciendo esa camioneta. Me vería algo fuera de tono, pero bien supongo.
Quizás si trajera otro tipo de ropa puesta me vería mejor y más presentable. Y con unos lindos lentes para sol, muy grandes, tendría el toque perfecto.
--¿Ya estas lista?—Jeanette había interrumpido mi fantasía tocando la ventanilla del copiloto--¿espero que sí? Hoy es el gran día
--Si lo sé—Le sonreí—Estoy tan emocionada
--Yo igual—Esbozo una sonrisa hermosa—Oye ábreme la puerta por favor
--Claro—Pulse un botón para quitar los seguros. Estaba en el volante. Cuando encendí el auto seguramente se bajaron los seguros—Entra amore es hora de irnos.
--Lo sé—Tomo mi mano derecha la que estaba en la palanca de velocidades—Estoy muy emocionada por ver a mi Tom
--¡Hay sí qué emoción!—Estruje su mano--¡Vámonos, vámonos!
-Sss…—No la deje acabar la oración cuando yo ya había pisado el acelerador—iiiii
--Amore ponte el cinturón de seguridad—Le indique mientras trataba de no arrollar a el duende que estaba adornando su jardín—Por favor
--Si lo haría si pudiera. Para un poco debo cerrar la cochera—Me pidió aferrándose hasta con las uñas al asiento—Debo presionar el botón.
--Está bien—Tuve que pisar el freno—Abróchate el cinturón y cierra la cochera.
Se puso el cinturón y de la guantera saco un control remoto pequeño, presiono un botón rojo y de inmediato se cerró la cochera.
--Listo vámonos—Me sonrió.
--Ok—Pise el acelerador—Genial hoy será el mejor día
La camioneta era automática así que no habría mucho cambio de velocidades. Al principio no me preocupaba, pero a mí lo que más me emocionaba de conducir un auto era hacer el excitante cambio de velocidad hasta llegar a rebasar el límite de velocidad. Eso me volvía realmente loca. Quizás por eso Jeanette nunca me dejaba conducir. Sabía que yo era una maniática adicta a la velocidad.
--¿Te disgusta que no sea estándar verdad?—Me cuestiono, casi mofándose—Tu cara me dice que sí. Solamente hace falta que me lo confirmes.
--Pues…—Me quede callada. No sabía que contestarle. Ella ya había deducido que su camioneta me molestaba un poco, por ser automática y no estándar. Pero qué más daba—Si me saca un tremendo coraje que no sea estándar pero, está bien. No me voy a morir por no conducir un estándar hoy.
--Tu no conduces cariño—Se rio—La que maneja soy yo. Precisamente porque tú tienes una enfermedad con la velocidad.
--No es una enfermedad. Solo soy adicta a ella… desde que tengo uso de razón—Admití cabizbaja. Y era cierto cuando mi padre bajaba por una colina empinada, yo lo primero que gritaba era “Písale papá” El jamás me hacía caso, pero desde muy, muy joven amo la velocidad—Bien sabes que sí.
--Si ya lo sé, tú madre no deja de contar esa historia en épocas de navidad—Se toco la frente con la mano—Esa donde bajaban, por la colina más empinada de las Lomas de las Águilas y le gritabas a tu papa “Písale papá, písale”—Rio jubilosa—Adoro cuando relatan esa historia y te pones roja en la mesa. Eres tan, no se tierna.
--¡Qué linda!—Le lancé una mirada furtiva—Ríete de las historias vergonzosas que cuenta mi mama de mí. Eso me hace sentir como un bebe cada navidad.
--Pero eres un bebe muy lindo y tierno—Rio a carcajadas—Eres tan… Cursi y adorable. ¿Cómo no quererte? Eres realmente encantadora.
--Muchas gracias—Me ruboricé—Pero eso no quita las vergüenzas que me hace pasar mi mamá cada navidad, contando esa historia que ya todos se saben.
--Tú mamá es un amor—Sonrío—Aunque a veces sí es muy cómico cuando cuenta esa vez que hablaste de las…
--Calla—La mire—No hables de eso.
--Está bien—Miro a la gente en la calle— ¿Oye estás segura de que vamos a tu casa?
--Si—Admití cortante—Vamos para mi casa, solo que por un camino más corto.
--Ah Bueno—Me miro insistente— ¿Y qué te parece mi camioneta?
--Bien…muy apta para ti. Supongo—Admití—Y pues es segura. Creo.
--Si verdad…---Musitó—Se nota que te gusto.
--Si me gusto de verdad—Repliqué—Es un bello automóvil.
--Claro es notorio—Había sarcasmo en su voz—Preciosa la camioneta ¿Verdad?
--Si—Me hice hacia adelante un poco, tratando de ver el semáforo de la calle. Y estaba descompuesto. Iba a ser toda una hazaña atravesar el Periférico sin semáforo y más con tremenda camioneta--¡Por dios!
--¿Qué?—Vi esos ojos cafés y grandes. Aun estaba triste— ¿Pasa algo con la camioneta?
--No—Admití—No hay semáforo.
--¡¿Qué?!—Su cara ahora tenía un gesto de pánico— ¡¿Cómo que no hay semáforo?!
--No lo hay—Dije—Pero intentare pasar el periférico, sin semáforo. Solo sujétate bien.
--¡¿Qué!?—Me miro con terror--¡¿Qué vas a hacer qué?!
--Cruzar el periférico, sin semáforo. A la antigüita—Lo dije con sumo control, no quería asustarla más de lo que ya estaba—Así que tú solo tomate de lo que puedas; porque tendré que pisar a fondo el acelerador para que no nos choquen. Y no quiero que te golpees la cara o algo así.
--Bien—Le temblaba la voz tanto como las manos—Solo espero que no nos pase nada malo.
--No pasara nada. Confía en mí—Mentí. Yo esperaba que no nos pasara nada malo. Confiaba en que todo saldría bien—Estaremos en menos de lo que te imaginas en casa.
--Está Bien—Inhaló aire. Y lo contuvo
--¿Lista?—Tome su mano.
Ella asintió con la cabeza, sin dejar salir el aire que había en sus mejillas. Sus mejillas asemejaban a las de una pequeña ardilla que tenia atiborrados los cachetes de bellotas.
--Bien—Solté su mano—Todo saldrá perfecto, así será.
Vi pasar un Chevy Monza azul hecho un bólido enfrente de nosotras, cuando se quito de mi paso aceleré hasta el fondo.
Oí el rugido del motor, si no fuera en estas circunstancias, podría asegurar que se oyó como un dragón. Pero no era el momento adecuado de encontrarle parecido a los ruidos del motor con monstros de la época medieval.
Al momento íbamos a 110km/h y la plumilla de indicador de velocidad iba en aumento. Hasta ahora íbamos bien. Ningún carro a nuestro paso, así que me seria sencillo llegar hasta mi casa.
Unos segundos más tarde, un Jeta 2000 turbo de color azul marino, se me atravesó enfrente. Estaba a punto de chocar. Hasta de matarme y no solo yo a una de las personas que más amaba también.
Gire el volante hacia la izquierda y las llantas se amarraron. Quedaron en diagonal, lo cual provoco que quedáramos a milímetros de estrellarnos con un muro de contención.
Si no hubiese reaccionado a tiempo Jeanette y yo nos hubiéramos estrellado y terminaríamos cómo galleta de humano con un metal muy caro.
Le di un giro al volante para esquivar al Jeta de nuevo, la fuerza de las maniobras habían hecho que estuviera a punto de golpearnos de nuevo. Las llantas de este chirriaron tan fuerte que sentía que los oídos me sangrarían. La parte trasera derecha de aquel auto azul se estrello en el muro de contención.
No me había percatado que en aquella carambola de autos, un tráiler había perdido el control y la caja estaba a punto de golpearnos a nosotras y al jeta recién impactado en el muro.
Encendí la camioneta. Se había apagado por un estúpido control de seguridad. Y Me eché en reversa al menos unos treinta metros lejos de allí. Jeanette grito y se aferro a el asiento con las uñas. Los Frenos AVS no se hicieron esperar y nos detuvieron en seco. Por suerte no nos impactamos, si no las bolsas de aire nos hubieran golpeado el rostro.
Baje de la camioneta. El conductor del auto azul no se movía. No podía dejarlo allí y que muriera aplastado.
Corrí hasta donde pude y grite con todas mis fuerzas.
--¡Muévase de allí!—Me estaba desgañitando--¡Hágalo ahora!
No lo hizo así que trate de acercarme más. Cuando oí a Jeanette Gritar:
--¡¡No lo hagas Diana!!—Vociferaba con desesperación--¡¡No, no por favor no lo hagas!!
--No puedo dejarlo allí Jeanette debo ir—Le explique—Tú solo quédate dentro del auto. No te muevas
--¡¡NO VALLAS!!—Me suplico--¡¡QUEDATE AQUÍ CONMIGO!!
Estaba en una fuerte complicación. Era ella ó salvar una vida. Una decisión difícil que debía tomar en cuestión de segundos.
Estaba a punto de contestarle a Jeanette que ella tenía que esperar en el auto, cuando el conductor de aquel Jeta se movió tirando a su paso unos botes de agua gigantescos que estaban en la carretera. Estos botes estaban impidiendo el paso hacia una excavación de poca profundidad. Menos mal, mejor atascado que muerto.
--Se movió regresa por favor—Me insistió
--Si ya voy—Declare. Pero no podía quitar la mirada de aquella fea carambola de autos, que fue provocada por aquel conductor que hacía unos instantes corría el peligro de morir. Me preocupaba el hecho que quizás traía niños a bordo. No podía sacar esas imágenes de mi mente. Cuando un claxonazo me despabilo—No te bajes. Allí voy
Me di la vuelta, y estuve a punto de dar un paso cuando vi venir sobre mí la caja del tráiler. Me iba a matar. La caja que transportaba metal, se había soltado y venia en mi dirección.
No vi pasar mi vida ante mis ojos en segundos, como toda la gente dice que pasa cuando estas ante una situación de muerte. Quizás conmigo andaba algo mal, porque no vi nada.
A lo lejos escuchaba a Jeanette gritar desesperada. Pero no entendía lo que ella decía. Solo sabía que era su voz.
A lo mucho faltaban segundos para que esa gigantesca caja de muerte me aplastara. Sentí un hormigueo en todo mi cuerpo. El cabello se me alboroto como si yo estuviese en el metro. Ese chiflón de aire que llega cuando el vagón se detiene para que uno se suba a él. La caja estaba ya prácticamente sobre mí. Me cercenaría la cabeza y después me haría papilla.
Tenía ante mis ojos, a mi verdugo. Una maquina de muerte hecha por el hombre acabaría con mi vida, en un abrir y cerrar de ojos.
Estaba lista para recibir mi muerte. Pero cuando realmente me tocara morir. Así que en cuanto sentí a la caja encima de mí me tire al suelo y escuche un estruendoso impacto con el muro de contención.
Varias personas gritaban “Mato a la chica, la mato”. Gire mi cabeza hacia la derecha y allí estaba la Lincoln y Jeanette a lado de esta, ella miraba con impotencia el lugar en donde se suponía debía estar mi cadáver.
--¡¡Mierda no!!—Se tomaba el cabello con desesperación, como si quisiera arrancarlo de raíz—¡¡Ella no puede estar muerta. Ella no!!
La vi aproximarse al lugar corriendo como nunca lo había hecho. Trate de levantarme lo más pronto posible, antes de que la caja en verdad me callera encima.
Así lo hice gatee hasta el otro lado del tráiler. Donde no había nada más que asfalto. Me levante en cuanto llegue sana y salva al otro lado y corrí hasta donde Jeanette.
Ella no me vio al instante. Seguía con esos grandes y expresivos ojos cafés clavados en el lugar de los hechos.
--Amore—Le susurré—Estoy aquí, logre quitarme antes de que esa cosa me aplastara—La tomé por el brazo y la abracé—No morí hermosa, aquí estoy. Contigo
Sus ojos se iluminaron y se llenaron de lágrimas.
--¡Tarada!—Me soltó una bofetada— ¿Tú crees que eres la mujer maravilla? Casi te matas y me matas a mí de un susto.
Me quede helada del espanto. Aun no lograba procesar el golpe y los gritos que acababa de recibir.
Me abrazo, y se puso a llorar como una magdalena. Si de por sí estaba sentimental creo que con esto, se puso peor su depresión.
--¿Bueno ya vámonos no?—Lo dije con tanta tranquilidad que hasta yo misma me sorprendí—Se nos hace tarde para el concierto.
--¡¿Qué?!—Abrió los ojos como platos--¡¿Qué acabas de decir?!
--¿Qué se nos hace tarde para el concierto?—Le respondí con una pregunta tonta supongo.
Enarcó una ceja y se subió a la camioneta. No entendí porque se sentó en mi lugar. Se sentó en el asiento del conductor. Estaba loca si creía que yo la iba a dejar conducir.
Además yo tenía las llaves en el bolsillo derecho del pantalón. Así que me dirigí hacia donde ella estaba.
--Tu lugar es el de alado. Este es el mío—Le informe con mucho tacto—Recórrete por favor.
--Estas pero si bien babosa si crees que te dejare conducir después de lo que paso—Me grito a la cara—Dame las llaves.
--No—Fui contundente.
--Dame las llaves, te recuerdo que es mí camioneta—Furiosa recalco ese “Mi” y me ofendió con ese mí. Me hizo sentir como una arrimada—Así que dámelas.
--Toma tus llaves—Se las arroje a la mano—Bien tienes razón, es tú camioneta
Me subí al lugar del copiloto, furiosa. No había necesidad de que ella me dijera eso. Solo un “No conducirás mas”.
El resto del camino transcurrió en silencio. No deseaba cruzar una palabra más por el resto de la noche.
Es más era mejor no ir a ese concierto. Aunque muriera de ganas por distraerme un rato. Además en unas cuantas semanas más, dos para ser exactos empezaban los tediosos exámenes. Y después vacaciones de invierno. Así que si yo iba a ese concierto sería una experiencia inolvidable, verlos a ellos. Mis ídolos frente de mí, deleitándome con su música.
Decidí ir a ese concierto, por muy herida que estuviese. Estaba segura que Jeanette no había dicho eso con intención de herirme, pero lo hizo.
Estaba harta de mi posición económica. No había nada peor que nunca tener dinero para nada. Me sacaba de quicio realmente, porque siempre que salíamos a algún lado Jeanette pagaba todo y eso no era justo,
Yo lo único que podía hacer para compensarla era, que ella durmiera casi a diario en mi casa, prepararle una buena comida casera y siempre apoyarla en las buenas y en las malas.
Me parecía que yo hacía muy poco por ella, debía hacer más. Tenía que haber algo que yo pudiera darle qué compensara todo lo que ella me daba.
--Llegamos—Me informo—Ten cuidado al bajar. Está muy alto.
--Si gracias...ya se—Le conteste cortante.
Me desabroche el cinturón de seguridad. Y baje de la camioneta lo más rápido posible. Llegue al pórtico y del alero saque la llave para poder abrir la puerta.
Metí las llaves y entre a mi casa, prendí las luces de la sala y del pórtico. Puse de nuevo la llave en el alero.
Escuche a Jeanette entrar y poner su maleta en el piso.
--¿Tú te ducharas primero o yo?—Me pregunto
--¿Hay importancia en eso?—Lo dije con un tono incorrecto—Solo es un baño.
Puso los ojos en blanco. ¿Y pues que esperaba? ¿Quería que le contestara con dulzura después de lo que me dijo?
--Bien como quieras—Bufó—A fin de cuentas es tu casa.
Estaba a punto de decirle, que sí. Que era mi casa, tal y como ella me había dicho con lo de su camioneta. Pero no era correcto. En alguien tenía que caber la cordura.
Subí a mi habitación y con suma fuerza cerré la estúpida puerta.
Estaba furiosa. Pero un buen baño me quitaría el mal humor. Siempre lo lograba.
Me deshice de mi ropa y me metí a la ducha.
Esta vez si me puse a reflexionar. Las gotas de agua golpeaban con fuerza mi cabeza. Y no me importaba, solo quería que esas estupideces del dinero desaparecieran. ¿Por qué siempre hay que darle tanta maldita importancia al dinero? Era totalmente idiota hacerlo, ¿De que te sirven tantos bienes materiales si no tienes amor?
Quisiera saber cómo se sienten los artistas muy famosos que no tienen amor. Solo su cochino dinero. El dinero no compra el amor verdadero. Solo Hipocresía. Solo eso sabe hacer el dinero. Es más ni amigos de verdad tienen. El interés atrae a muchas personas. Nunca buscan a esa persona por verdadero amor, si no por fama, dinero, popularidad y demás cosas que un famoso puede brindarle a una supuesta pareja.
Toda esa mierda, me volvía loca. Estaba consciente que mi familia nunca estaba conmigo, mi papá trabajaba fuera de la cuidad, mi mamá siempre estaba con mi abuela. Y mi hermano estaba recluido en su trabajo. Así se podría decir que yo estaba igual de sola que un artista, solo que mi posición económica era media baja.
Aun con todos los miembros de mi familia trabajando incluyéndome. No alcanzaba el dinero para mantenernos. Éramos cinco integrantes: Papá, mamá, mi hermano, Jeanette y yo.
Si esa era mi familia y de ellos solamente contaba con Jeanette. Eso sí no se empeoraban las cosas entre ella y yo.
Era increíble que en el día más importante de nuestras vidas hubiésemos peleado tanto, y por cosas tan estúpidas.
Cerré la llave del agua y salí de la ducha. Me envolví en mi toalla y me senté en mi cama.
--¡¡Todo esto es una total mierda!!—Grite—No lo soporto más
Aventé la toalla al piso y puse el seguro a la puerta. No quería que Jeanette entrara a husmear nada. Estaba enfadada.
Caminé hasta mi closet y de allí saque mi ropa interior limpia. Traté de que fuera la más fina que yo poseía. Y me la puse.
Era momento de vestirme y lucir como toda una muñeca de aparador aunque por dentro fuera un verdadero campo de batallas. Nadie absolutamente nadie debía darse cuenta de mi batalla interna. Así que, qué más daba si fingía felicidad.
Me hinqué y saque las bolsas que estaban debajo de mi cama.
Saque todo. Todo lo que había comprado. Y me lo puse. Claro cuidando que todo estuviera perfectamente bien y en su lugar.
Tomé de nuevo la toalla y me seque los pies muy bien. Me pare sobre de esta y abrí el cajón de los calcetines que había dentro de mi closet. Tome unos negros y regrese hasta mi cama, encima de la toalla.
Me puse los calcetines y después saqué esos hermosos botines que tan caros me habían costado. A decir verdad todos mis ahorros se habían ido en ese día de compras. Y no solo los ahorros de unas cuantas quincenas. Eran ahorros de años.
Me calcé esos hermosos botines, que me acomodaban muy bien. Cerré ese cierrecillo con sumo cuidado y me puse de pie.
Me mire en el espejo que había en el tocador de mi habitación. Solo hacía falta que me maquillara un poco los ojos y que me peinara y estaba lista para ese concierto.
Pero tenía sed. Así que bajaría a la cocina por un vaso de agua. Quité el seguro de la puerta y baje las escaleras.
Me sentía cómoda con lo que calzaba. Me agradaba traer puestos esos botines de tobillo.
En la sala vi sentada a Jeanette mirando la televisión. Cuando me oyó bajar me miro.
--¿Te cambiaste…Ya?—Lo dijo con un tono de melancolía en la voz.
--Si—Admití muy cortante. Aun seguía enfadada— ¿Pasa algo?
--No nada. Creo que es tiempo de que me duche—Menciono cabizbaja—Creo que ya no comeremos nada antes de ir al concierto ¿Verdad?
--Pues si tu quieres comer algo antes de ir puedes hacerlo—Le aclare—Yo no comeré nada porque no apetezco. Además eh notado unas llantitas en mi cuerpo y quiero bajarlas.
--Allí vas de nuevo con el asunto de las llantitas. Entiende que no estás gorda y mucho menos tienes lonjas—Me señalo mirando en dirección a mi estomago—Así que no salgas con esas sandeces y come por favor.
--No son sandeces, tu no ves mis llantitas por qué no las tienes en tu cuerpo—Refuté—Mejor ve a bañarte que se hace tarde. Y quizás coma un pedazo de queso o algo así ligerito.
--Bah—Bufó—Has lo que quieras.
No le conteste solo me di la vuelta y fui al lavaplatos por un vaso.
Abrí el refrigerador y allí había una jarra entera de agua de Jamaica, es bien sabido que la Jamaica es diurética así que bebí dos vasos de esta deliciosa agua.
¿Y qué son dos vasos? .Lo que nadie sabe es que el vaso que tome del lava platos tenía una capacidad 200 mililitros. Así que en total acababa de saborear 400 mililitros de agua. Solo esperaba que no me fueran a dar ganas de ir al baño en pleno concierto.
Enjuague el vaso y lo deje donde lo encontré. Y de inmediato me dispuse a subir a mi habitación para maquillarme y peinarme. Era lo único que hacía falta.
Subí las escaleras con calma, porque no quería que mi hermoso y caro calzado se ensuciara o maltratara. Así que tarde más de lo normal en llegar a mis aposentos
Cuando entre Jeanette estaba en vuelta en una toalla. Mojada.
--¿Me podrías pasar mi valija?—Me pidió—Si no es mucha molestia.
--Claro—Acepte.
Baje inmediatamente a la sala por la valija lo más rápido que pude. Lógicamente trate de que no se lastimara mi calzado. Lo amaba demasiado como para que se rayara la piel o algo así.
Subí cuán rápido podía. Y llegue de nuevo a mi recamara y allí estaba ella, viendo una foto de nosotras en aquel parque de diversiones.
--Juntas por siempre—Menciono con lágrimas en los ojos.
--Así es juntas por siempre—Le recordé.
Se levanto de la cama y se dirijo hacia mí. Tomo su valija y se metió al baño a cambiarse. Acto seguido yo me senté en el banquito que estaba frente a mi tocador precisamente para maquillarme y el peinado.
Decidí comenzar por el peinado. No hay nada más molesto que maquillarse y que un mechón de cabello se te estampe en la cara y arruine todo tu trabajo con los cosméticos.
Así que saque mi secadora de cabello de el cajón de hasta abajo del lado derecho de mi tocador. Y la conecte al enchufe más cercano que había.
Puse el botón de potencia en medio y el botón de temperatura en caliente. Y comencé a secar mi cabello. No tarde demasiado. A decir verdad la calidad de la secadora que con muchos esfuerzos mi mamá me había obsequiado era la mejor.
El ruido ensordecedor del motor de la secadora me había impedido escuchar que mi celular sonaba.
Termine de secar perfectamente mi cabello. Y después tome del mismo cajón de donde había sacado esta mi plancha para cabello. Yo ya tenía lacio el cabello pero lo quería aun más lacio. Así me daría un toque más elegante a mi parecer.
Guarde mis aditamentos para el cabello en el cajón correspondiente. Después me dedique únicamente a peinarme el cabello de manera que expresara mi personalidad. Tenía la esperanza que saliera bien el peinado si no me vería realmente genial vistiendo ropa y calzado a la moda y un peinado como para vomitarse de verlo.
Cuando termine de peinarme y a mi gusto se veía bastante bien, me propuse maquillarme como lo hacía cuando era un evento especial. Sombra negra y abundante en los ojos, pestañas rizadas y quizás una tirita de postizas, rímel, delineador líquido, una base muy bien difuminada y mate. Labios con un color rosado muy tenue. Las uñas sin pintar, eso sí con bastante crema encima, me disgustaban las manos resecas y que tenían textura como de lija.
Cuando termine de maquillarme, tomé mi celular para ver la hora. Vi que tenía una llamada perdida de Javier. No supe que cara puse que cuando Jeanette salió del baño totalmente arreglada al igual que yo se acerco a mí, supongo que vio la pantalla de mi celular y solo dijo “Es un sucio bastardo”. Sus palabras repicaron en mi cabeza, una y otra vez.
“Es un sucio bastardo”. Una y otra vez en mi cabeza y a mi mente llegaban preguntas. ¿Realmente era un bastardo? ¿Por qué me había llamado? ¿Ahora que quería de mí? ¿Qué buscaba?
--Si, si lo es Jean—Admití con la cabeza muy en alto—Es un puerco y un patán
--Claro que lo es. Mira que hablarte—Manoteo mientras hablaba con furia— ¡Qué desfachatez! ¡Qué poca vergüenza!
--Si de hecho—Miré mi celular una vez más. Quitando de mi vista esa notificación de la llamada perdida, para poder ver la hora— ¡Dios mío! ¿Ya viste la hora que es? .Llegaremos tarde al concierto
--¡Calla mejor ya vámonos!—Me indico.
--Si, eso es lo mejor—Asentí
Bajamos por las escaleras una vez más. Solo que esta vez lucíamos mejor de cómo subimos. En el sillón Jeanette coloco su valija y salimos de la casa.
--¿Traes llaves?—Inquirió—Porque tienes que cerrar la puerta de la casa.
--No—Cerré la puerta—Pero aquí está la del alero. Así que no hay tanto problema.
--Cierto—Soltó una risilla—Se me olvida siempre esa llave.
Cerré la puerta con la llave en cuestión y después nos subimos a la camioneta de la discordia. Y nos dirigimos al palacio de los deportes. Que casualmente si nos hubiéramos ido en metros, nos hubiésemos tenido que bajar en Ciudad Deportiva irónicamente.
Pero no fue así afortunadamente íbamos en auto, que más que auto parecía jet privado. Era muy cómodo.
Llegamos en media hora al concierto. Claro llegamos tan rápido porque nos fuimos mucho tiempo antes, porque no de no haber sido así no hubiéramos salido siquiera del periférico.
Buscamos un lugar libre. No muy cerca del palacio, algo alejado. No queríamos que le pasara nada a esa camioneta. Así que la estacionamos cerca de unos tráileres.
Bajamos de la camioneta para ir a husmear a los puestos que había afuera del palacio de los deportes. Vendían muchas cosas y recuerditos de Tokio Hotel.
Allí vimos muchas cosas, cómo: Bolsas, edredones, almohadas, playeras, dijes, CD'S, fotos, posters, chamarras, tazas, encendedores, plumas, aretes, guantes, bufandas, gorras, boinas, gorros, pins y demás cosas. No había muchos recuerditos con la cara de Tom. Al parecer eso le disgusto a Jeanette, había en mucho mayor número cosas de Bill. Compramos unos cuantos miles de cositas de ellos. Y después fuimos a husmear un poco más a ver si había un puesto de comida porque las el estomago de Jean no dejaba de gruñir. Me daba miedo en cualquier momento me fuese a soltar una mordida ó arrancarme un pedazo de brazo o quizás mi oreja.
Desafortunadamente no había ningún puesto de comida. Eso significaba que sería víctima de un ataque de canibalismo.
Decidimos regresar al Palacio a guardar lo recién comprado en la cajuela de la camioneta. Eran las 6:00 pm faltaban 2 largas horas para que el concierto comenzara.
--¿Qué vamos a hacer en dos horas hunny?—Me pregunto como si fuera una niña chiquita.
--No sé—Admití. Realmente no sabía que íbamos a hacer en 2 horas—Se me ocurre que podemos escuchar música en el auto o quizás caminar un poco para ver si encontramos un puesto de comida. ¿Te parece?
--Me agradan las dos cosas. ¿Cuál hacemos primero?—Preguntó.
--Decide tú—Le ofrecí.
--Pues…Yo—El gruñido de su estomago la interrumpió—digo que…
--Tú dices que nada. Primero hay que buscar un lugar en el que comas—Le informe.
--De acuerdo.
Salimos una vez más de la camioneta para dirigirnos a la calle de nuevo. Yo también tenía hambre pero, no quería comer nada. Estaba bien así.
Pasamos una vez más por los puestos de recuerdos de Tokio Hotel y demás cosas. Y a unos treinta metros más adelante encontramos un puesto de quesadillas. Nos paramos allí, o si no Jeanette se desmayaría.
Inmediatamente ella pidió quesadillas de queso y un sope. La señora se puso en acción y comenzó a amasar la masa y a tortearla. Para finalmente echarla al comal para que se cocinara. Y por mera lógica ponerles el relleno que en este caso seria, queso Oaxaca.
La pequeña comida de Jeanette nos tomo una hora. Haríamos media hora de regreso al Palacio de los Deportes.
En todo el trayecto no mencionamos ni una sola palabra. No hablamos nada entre nosotras. Y eso era raro. Al parecer ambas seguíamos molestas.
--¿Ya entramos?—Me cuestiono ella.
--Yo pienso que sí.
--Bueno—Me tomo por el brazo izquierdo—Andando.
--Andando—Junte mi cabeza con la de ella— ¡Vivamos el Humanoid City Live!
--Sí.
Caminamos hasta la entrada. Donde había una chica pidiendo los boletos, para poder pasar a las instalaciones. Nuestros boletos eran morados. La chica rompió en dos nuestros boletos y nos regreso la más grande.
Cuando entramos nos asignaron nuestros asientos. Que justamente eran en primera fila. Bueno para ser sincera no era una primera fila, porque de ser así estaríamos en la pista. De hecho era la zona cero, unos boletos exclusivos solo para clientes de un banco. Del cual Jeanette había sido clienta desde hace mucho, así que esos boletos nos tocaron a nosotros, gracias a ella y a su tarjeta de crédito. La zona cero era la más VIP que había en el Palacio de los Deportes. Eran asientos muy aptos para ver a Tokio Hotel y disfrutar del espectáculo. El Palacio de los Deportes no estaba en su totalidad lleno. Es mas no había ni el cinco por ciento de gente de la que debería haber. Estaba vacío.
El concierto se suponía que empezaría a las 8:30pm y no, no empezó a esa hora. Inicio algo así de las nueve de la noche y cachito. Pero empezó.
A fin de cuentas si termino llenándose el inmueble.
Se apagaron las luces. Y todo mundo empezó a gritar era un grito inmenso de féminas vueltas locas por el concierto entre ellas Jeanette. Yo estaba a punto de soltar un gran grito pero me dio un impertinente ataque de tos. Así que no grite cuando yo quería.
De pronto empezaron latidos de corazón y de repente empezó a escuchar la música de entrada de “Noise” y empezó ya la música bien. Y aparecen en el escenario: Gustav, Georg y Tom. Tom, cuando Jeanette, vio a Tom casi se asfixia con su propia saliva de tanto gritarle a Tom. Al momento que ellos salieron, los gritos aumentaron al triple.
La verdad tocaban como verdaderos genios. Y logre captar la voz de Bill, pero no lo veía por ningún lado. Tuve que enfocar más mi mirada y logre encontrarlo muy al fondo con los demás chicos de la banda.
Jeanette coreo todo el tiempo “Noise” y yo también pero, no vi necesario gritar como si el mundo se fuera a acabar. Además tenía enfrente a los chicos. Si yo gritaba como dios mandaba dejaría sordo a Bill. Después siguió mi canción predilecta. “Human Connect To Human” La cante con mucha felicidad y emoción y me pude percatar que Bill se equivoco cuatro veces en esa canción. Se veía realmente encantador con su vestuario lleno de pequeñas lentejuelas y diamantes. Esas hombreras exageradas lo hacían lucir elegante. Y su peinado dios mío era tan delicado y glamoroso. Toda una belleza de hombre.
Cuando termino mi canción predilecta se alcanzaban a oír los acordes de “Break Away”. Jeanette casi muere de un infarto al ver las caras de placer que ponía Tom al tocar la guitarra. Yo solo disfrute del espectáculo. Y coree la canción, tratando de no gritar.
Y seguido la entrada de “Pain Of Love” Esa canción hace que se me aloque la hormona. Es que la voz de Bill se oye tan atractiva. Tom hizo su solo de guitarra, cosa que aloco aun más a Jeanette. Era de esperarse que se estuviera desgañitando gritándole su amor a Tom. En un momento de la canción Jeanette me señalo que se le hacía que Bill traía el cabello un poco más corto. Oí el comentario pero no me tome la libertad de mirarlo a él para asegurarme de que así era.
Y en seguida “World Behind My Wall”. Esa no era mucho de mi agrado. Pero qué más daba había gente a la que si le gustaba esa canción. Fue muy inesperado cuando pararon el concierto a la mitad de la canción, por seguridad. En el performance había fuegos artificiales, y en la pista había a los laterales muchas personas y si los activaban, podrían quemar a la gente. Así que les solicitaron de la forma más atenta que se hicieran un paso hacia atrás. Cosa que no hicieron. Estaba en peligro un buen concierto gracias a la necedad de la gente. Así que todas empezamos a corear. “Un paso atrás, un paso atrás” y se movieron. No terminaron de interpretar “World Behind My Wall” nos deleitaron con “Hey You”, la mayoría de las chicas cantaron esa canción, y hasta hubo lanza llamas. Fue genial.
Y ahora sí, continuaron con nuestra canción incompleta. “World Behind My Wall”. Cantaron casi todas las canciones del disco de Humanoid.
Jeanette no se cansaba de repetirme que había amado “Screamin” porque habían metido un pedazo de la canción de “Monsoon”. Y Humanoid la versión en alemán y Phantomrider fueron acústicas, un momento bastante bohemio.
Me fascino cuando Bill entre cada canción agradecía en español. Se oía tan dulce y melódica su voz. “Hola México”, “Gracias México” y “Muchas Gracias México”. Las cosas que decía en ingles, eran encantadoras e incluso pidió perdón por la pausa en el espectáculo.
No había necesidad alguna de que lo hiciera. Fue en parte culpa de las mismas fans por no hacer caso a las indicaciones de seguridad.
A decir verdad Bill era una persona muy dulce. A mi parecer lo era. Y que a haya agradecido la asistencia de sus fans y que prometiera hacer el mejor show que ha dado en México fue tan especial. Conquista.
¿Cuál fue la canción siguiente? .Pues fue “Dogs Unleashed” la cual todas las fans deseaban que saliera la moto en la que Bill se monta. Y sí en efecto salió la tan deseada moto. Varias veces Jeanette me decía que cuando él se subía en esa moto, parecía otra cosa. Que orillaba a que la gente pensara mal. Que el parecía estar teniendo relaciones con alguien.
Yo no lo veía así, pero bueno las demás fans sí. Incluida mi hermana. También interpretaron otra de las canciones que más me gusta. “Zoom In To Me”, hubo piano el cual Tom toca y se incendia. También me deleite con “Monsoon”. Y no podía faltar el momento de Jeanette. ¿Por qué? Porque tocaron “Forever Now” .Ella adora esa canción y su versión en alemán también “Für Immer Jetzt”, creo que eso es bien sabido. A ella le entro la nostalgia, las dos sabíamos que esa era la última canción del concierto. Entre lágrimas Jeanette canto más fuerte que nunca su canción. Porque eso era. Su canción.
A mí también me daba tristeza el concierto se me había ido como el agua misma. Y pasaría mucho tiempo para que Tokio Hotel regresara a México. Así que derrame unas lágrimas. En la zona cero estábamos muy cerca de los chicos, así que no sé si fue coincidencia pero note, que en un movimiento de Bill, cruzamos miradas. Lo sé, lo sé es una idea bastante idiota. Y creo que soñar despierta no era conveniente a la mitad de un concierto.
Cuando me di cuenta, la canción se había pausado. Y Bill estaba hablando en español, así que trate de entenderlo todo, aun estaba aturdida por su mirada.
En todo el establecimiento se oía la voz de Bill diciendo “¡¡Muchas gracias México!! Esperamos que hayan disfrutado el Humanoid City, ¡Los amamos chicos! y hasta una próxima vez” y siguió cantando “Forever Now”. Cuando menos nos dimos cuenta, las luces se habían apagado. Todas gritaron con todas sus fuerzas “TOKIO HOTEL, TOKIO HOTEL, TOKIO HOTEL, TOKIO HOTEL”, pero ellos ya se habían ido. Al fondo con mucha agudeza del oído se podían percibir pisadas de pies. Yo supuse que eran las de ellos.
--Amode—Me haló por el brazo—El concierto en México fue muy parecido al de milan—Me comentaba mientras seguía llorando—Solo que sin la esfera metálica de Gustav porque no cabía pero igual las mismas canciones Automatic, Love & Death, The Dark Side Of The Sun, Screamin, etc. Tú sabes ¿No?
--Sí, si lo sé—La abracé.
La tome de la mano. Y salimos por una puerta exclusiva de los que estábamos en la zona cero. Así que no nos fue tan complicado pasar entre tanta gente.
Cuando estábamos en el estacionamiento eran las 11:00pm de la noche. Recibí una llamada al celular.
No vi quien era solo conteste.
--¿Bueno?—Al parecer estaba con la garganta un poco cerrada— ¿Quién habla?
--Soy yo—No reconocí la voz—Necesito hablar contigo.
--No sé quien habla—Dije con un tono de paranoia en la voz—Deje de molestar.
--¡Por dios!—Dijo como hastiado mi hasta ahora desconocido interlocutor—Soy Javier, que rápido de olvidaste de mí.
--Ahh… Eres tú—De inmediato sentí como se me acalambraba el cuerpo, de coraje—Vete al demonio.
--No espera de…--No lo dejé terminar cuando ya le había colgado.
Jeanette me miro desconcertada.
--¿Quién era Diana?—Pregunto curiosa—Te noto molesta.
--Era Javier—Le informé—No sé qué demonios quiere, pero ten por seguro que le colgué.
--Ese maldito—Hablo entre dientes, no sé cuantas maldiciones más—Ya verá… ya verá.
--Cálmate Jean. No gastes tu tiempo y tu energía en un imbécil como el—Le aclare.
--Si que lo es—Frunció el ceño y comenzó a bailotear—Ay no… tengo que ir al baño.
--Pues ve—Le dije.
--Bueno. Tú espérame cerca de la camioneta ¿Ok?—Me ordeno.
--Claro mamá.
Jeanette entro corriendo, por las mismas puertas de las que habíamos salido, para poder entrar a un baño. Mientras tanto, yo seguía digiriendo las imágenes del concierto. Quería recordar todo a detalle para después contarles a mis nietos y a mis bisnietos.
Todo fue tan espectacular. Tan genial, y lleno de energía. Jamás me hubiese esperado algo como esto, siquiera de haberlo imaginado. Estaba muy feliz de haber asistido a este concierto. Agradecía a dios, el día de hoy.
En mi cara apareció una sonrisa muy grande de satisfacción y estaba alegre de ello. Muy conforme con lo que viví y superaba cualquier sueño que yo hubiese tenido despierta, entra clases, en la ducha o hasta comiendo a cerca de este tan esperado concierto.
No deje de sonreír ni un momento hasta que vi a Jeanette venir, corriendo con una cara que yo no le conocía. Nunca la había visto así, esta como que: eufórica, emocionada, asustada, perversa, lujuriosa, sonriente, apenada, soñadora y todo en una misma cara. Era un Boom de imagen. Inmediatamente que me vio solo dijo “Ya vámonos”, no lo dijo con un tono de voz normal, casi gritaba desesperada y estaba hiperventilando.
Obedecí y me subí a la camioneta. Ella coloco las llaves en el switch y arrancó. Nos pusimos los cinturones de seguridad. Y piso el acelerador.
Avanzamos a lo mucho cuarenta metros, cuando una Cadillac Negra impactó a nuestro vehículo. Solo escuche el tremendo golpetazo.
--¡¡Mierda!!—Grito Jeanette--¡¡Este pedazo de …. Animal me va a oír!!
Se bajo de la camioneta hecha una verdadera fiera. Y como no si la camioneta costaba lo equivalente a su casa y la mía con nuestros autos y unas cuantas propiedades más.
Yo también intente bajar pero me había atorado con el cinturón de seguridad. No salía el seguro por mucho que presionaba el botón rojo. Y solo veía manotear a Jeanette, me preocupaba que ese tipo desconocido le fuera a soltar un golpe.
Me comenzaba a desesperar que Jeanette estuviera allí afuera discutiendo con ese tipo raro y alto y yo allí dentro atrapada y sin poder hacer nada.
Mire el reloj que había en el tablero, 1:30 am del 3 de diciembre y el concierto habia terminado a las 11:00pm del 2 de diciembre. ¿Qué demonios había hecho Jeanette todo ese tiempo en el baño? .No era momento para preguntarme eso. Tenía que bajar de ese auto para ir en ayuda de mi hermana.
Al cabo de 5 minutos de intentos, al fin abrió el cinturón y pude bajar. Cuando Llegué Jeanette, estaba discutiendo fuertemente con ese tipo, que no logre reconocer. Solo sé que si era alto para mí aunque yo traía bastante tacón el los píes.
--Diana llama a una grúa—Me indico Jeanette.
--Ok—Fui inmediatamente a hacer lo que ella me había pedido. Aunque me daba miedo dejarla sola, con ese… malandrín que sepa de donde había salido.
Tomé mi celular y llamé a mi hermano. El cual no me contesto. Así que fui a la puerta más cercana del Palacio de los Deportes corriendo el riesgo que me rompiera un tobillo o una pierna.
Logré llegar a la puerta 2 y allí había una especie de velador combinado con miembro de seguridad. Me acerque a él para pedirle un directorio telefónico y poder llamar una grúa.
Si me prestó dicho directorio y llame al servicio de grúas Domínguez. Pero los muy desconciderados dijeron que no iban por esos rumbos.
¿Y yo que se suponía que tenía que hacer? ¿Tirarme en el suelo y patalear? .No
Me dirigí de nuevo con Jeanette para ver qué demonios pasaba y explicarle el lío de las grúas. A ver si podíamos resolver algo, con ese idiota que se impacto contra nuestra camioneta.
Cuando llegue, vi como ese tipo se subía a su Cadillac y se iba muy quitado de la pena. Mientras Jeanette sostenía un pequeño papel con algo escrito supongo. Y también miraba con dolor la defensa de su cara camioneta.
¿Ahora qué íbamos a hacer? ¿Caminar a pie hasta la casa? .Quedaba muy lejos para irnos así.
--¿Dejaste que se fuera así como nada?—Le pregunte indignada.
--Si.
--¿Pero porque?—Estaba confundida, casi me mata por lo que paso en la colisión de autos en el periférico, y me restriega en mi cara que es “su” camioneta. Y a este pedazo de homínido lo deja ir a sabiendas de que le hizo pomada la camioneta. No era justo--¿ya viste el daño en tu camioneta o estas ciega?
--Cálmate ¿sí?—Me miro fijamente—Yo sé lo que hago.
--A si pues ahora vámonos a la casa—La rete
--Bien. Súbete a la camioneta—Me señaló con la mano—Veras que si llegaremos a casa en un abrir y cerrar de ojos.
Me subí y espere a que encendiera su camioneta. A la primera no prendió era más que obvio, pero al segundo intento, si encendió.
Y claro logramos llegar a casa sana y salva, bueno su Lincoln no. No me estaba burlando solo era una pequeña observación.
Esperaba que ella no tuviera algún… cambio precipitado de humor del cual yo tuviera que huir despavorida de allí. Lo bueno es que ya estábamos en piso firme, si no yo hubiera tenido que abrir la portezuela de la camioneta y aventarme y rasparme toda la cara.
--Jean… ¿Me puedes decir que paso con ese sujeto mientras no estuve?—Le cuestioné.
--Claro… ¿Te parece si te cuento, mientras estamos descansando en tu cama?—Me ofreció tentadoramente.
--Bueno—Acepté la oferta— ¿Pero porqué hasta ese momento?
--Porque no me vas a creer lo que paso—Concluyo.
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