miércoles, 5 de enero de 2011

REALIDAD Y FICCION.

REALIDAD Y FICCION.
La respuesta de Jeanette me había dejado helada. Pensaba que no le iba a creer lo que ella me fuese a decir. ¿¡Por dios en qué cabeza cabe!? .Quizás alguien que no la conociese tan bien como yo, no le iba a creer. Pero yo me conocía cada uno de los secretos habidos y por haber que ella tenía, aunque tardara en averiguarlos, los sabía.
Por la aceleración que había en ella, quizá había sido algo tan bueno, que ni ella misma lo creía. Aunque, deduzco que tuvo que haber sido en el baño, porque no creo que te de mucho gusto y emoción que te deshagan la camioneta más cara de tu vida. ¿O sí? .En cualquier persona normal y cuerda, eso no era causa de placer. Así que a fuerza tenía que haber pasado algo en el baño. ¿Y porque llegue a esa conclusión? .Uno: Jeanette regreso con una cara poco habitual cuando salió del baño. Dos: No siempre se pone así de acelerada a menos que le pase algo realmente importante. Tres: Para que me lo quiera contar con calma, relajadas y a solas. Es porque es como para morir de la impresión.
De inmediato la curiosidad no se hizo esperar en mí. Bombardeaba mi cabeza con preguntas repentinas con algo de lógica. Pero ¿Cómo responderlas? .Ella me haría esperar unas horas más en lo que nos desmaquillábamos y nos cambiábamos de ropa por nuestros pijamas.
Era mucho tiempo. Yo tenía que saberlo todo. Al menos lo que había pasado en el baño. Solo pedía saber eso. El imbécil que le choco la camioneta, no me daba la más mínima importancia.
Comía ansías, quizás se notaba en mi cara. Sentía ganas de morderme las uñas, pero eso no iba conmigo. Me daban asco las manos con uñas mordidas hasta la cutícula. Y amaba demasiado mis manos. Incluyendo sus respectivas uñas como para herirlas así. No era ni higiénico ni de buena educación hacerlo. Así que me aguante las ganas y no mordí ninguna de mis uñitas.
Tenía que aguantar. ¿Pero en qué me iba a distraer? .No había nada que hacer a las 2:30am de la mañana. Ni nada en el televisor. ¿Qué se suponía que haría? ¿Ponerme a tejer acaso? .Carajo no había nada que hacer y si me quedaba allí parada como una idiota sería muy evidente que quería saber todo. Tenía que ponerme en acción.
--¿Te pasa algo?—Jeanette había interrumpido mis pensamientos, con su pregunta.
--No—Mentí— ¿Por qué? ¿Parece que me pasa algo?
--Si… bueno no. Es que te noto como que ida—Me dijo.
--A es eso. No, no me pasa nada. Lo que pasa es que pensaba en la camioneta—Comencé a salvar mi cuello—Si la dejamos allí afuera en el estado que esta. Podrían robarle una parte ¿No crees?
--Cierto—Admitió cabizbaja
--Entonces yo pensaba en que la empujáramos hasta el jardín de atrás y taparla con una lona—Le explique mi plan—Así no le pasara nada por la intemperie.
--Me agrada tu idea.
--Lo sé. ¿Qué harías sin mí? –Fanfarronee—Yo creo que nada.
--Cálmate señorita importante y vamos a hacer lo que dijiste—Me empujo hasta la puerta—Que mañana tengo que ir a ver al chico responsable de todo esto.
“Mañana tengo que ver al chico responsable de esto” Sus palabras habían despertado de nuevo mi curiosidad. Moría de ganas por saber quién demonios era ese “chico”. ¿Y porque le decía así? ¿Qué no fue él quien destrozo su amada Lincoln? ¿Ahora le tenía respeto? .Todo esto iba a ocasionarme un derrame cerebral del puro coraje.
--Si, si, si. Hare el movimiento de camioneta querida. Pero primero déjame quitarme los botines. No quiero que les pase nada ¿De acuerdo?—Le aclare. No iba a permitir que esas linduras tuvieran una mugrosa mancha de aceite sobre de ellas—Así que espérame unos minutitos aquí.
--Ok—Tubo que aceptar mis condiciones o ella movería sola su cacharro carísimo.
¿De que carajos me había perdido? .Ahora ella le decía “chico”, cómo si lo conociera. Puras malditas patrañas. ¿Qué no se suponía que ella debería odiarlo? .Digo, destrozo su camioneta; por la cual casi rompemos amistad. ¿Y a él no le dice nada? .Todo era tan confuso, y tan frustrante a la vez. No podía concebir que tratara con preferencias a ese… desconocido. Eso era un simple desconocido, al menos para mí. ¿De qué privilegios gozaba?
Me deshice de mi ropa, y me puse algo más cómodo y apto para mover un pedazo de metal que le escurría aceite. Así no mancharía mi hermosa vestimenta.
Baje con mucha flojera. ¿Por qué demonios tenía que haber abierto la boca y decir lo de la camioneta? .A veces mis ideas repentinas para salvar mi pellejo, no eran las mejores. Y esta era una prueba de ello.
--Lista—Le anuncié.
--Menos mal. Comenzaba a quedarme dormida—Río.
Salimos de mi casa, y caminamos hasta la ahora deshecha camioneta. Que tenía más bien el aspecto de una Combí VolksWaguen en un deshuesadero. Que de una Lincoln Navigator 2011. La parte delantera estaba totalmente deshecha. Y claro con trabajos encendió para traernos a casa.
Ahora había que moverla a mi patio trasero, junto a mi viejo auto. Que tampoco encendía. Y taparla con una lona, así no sufriría la pintura las inclemencias del clima.
Mover ese monstro fue muy complicado. En primera porque era muy pesado. Y en segunda porque era automático. Es bien sabido. O al menos mi papá me ha dicho que cuando un auto automático se descompone, no se va a mover. En pocas palabras, que te quedaste varado allí con tu auto inservible y automático. En cambió un buen auto estándar es más fácil de mover, ya sea empujándolo o como sea. ¡Pero se mueve!
Esta porquería de camioneta estaba engarrotada. No daba ni una señal que las llantas se fueran a mover. ¡Me sacaba de quicio! ¡Maldita camioneta del demonio! .Tenía que existir una forma de moverla. Y pronto mañana había escuela y tenía que entregar el trabajo del… Sr. Banner. ¡Mierda! .Lo había olvidado por completo. El estúpido trabajo del Sr. Banner, si no lo entregaba era más que seguro que reprobaría su materia.
Todo esto era un mal presagio. ¿Por qué tenía que pasarme todo esto a mí? Tengo una señora mala suerte que nadie me la envidiaría. Es más me rehuirían, para que no se les pegara mi des fortuna.
Debía llegar una idea servible a mi cabeza, para mover esa carcacha al patio trasero. ¡Ya mismo!
--Diana es inútil. No se moverá—Se resigno ante la situación.
--Me canso de que se mueve—Anuncie.
Me arremangué la sudadera que traía puesta. Y me metí a la casa. Iba por las llaves de la Ford Ranger Roja de mi papá. Con eso que era 4X4 su juguetito me ayudaría a mover esa cosa inservible. La halaría con el gancho y la metería a donde debía ir.
Salí furiosa pisando con fuerza con las llaves en mano.
--¿Qué piensas hacer con esas llaves en la mano?—Su cara reflejaba pánico—Bien sabes que no puedes agarrar esa camioneta.
--Aja, que si tiene un solo rasguño o está sucia bla, bla, bla, bla—Me desquiciaba que me recordaran las reglas—Ya se toda esa idiotez Jeanette, pero debo mover esa cosa, a costa de lo que sea.
--¿Todo por mí?—Pregunto con una carita muy tierna.
--Bien sabes que si—Le sonreí.
Tome el cable con el gancho y lo inserte en la parte de debajo de la defensa de la Lincoln. Encendí la Ranger, que estaba justo delante de la Lincoln. Entraría a ese Jardin, así fuera lo último que hiciera. Y entraría con esa perla negra abollada y negra.
Encendí la camioneta y hice rugir el motor, pisando el acelerador y sin soltar el freno. El asfalto debajo de las llantas quedó marcado por el quemón de neumático que acababa de hacer. Y Puse primera, solté el freno. La camioneta no se movió, tuve que meter segunda. Tampoco hubo movimiento alguno. Metí tercera y tampoco se movió. Fue cuando tome medidas extremas y active el 4X4, y metí cuarta. La fricción de las llantas con el asfalto al mover esa ballena negra de allí atrás ocasionaba un ruido ensordecedor.
Mi camioneta serpenteaba de izquierda a derecha. Estaba tan engarrotada esa Lincoln que le estaba costando a la Ranger moverla. De inmediato me sentí como en Jurassic Park. En esa escena donde tratan de subir el tráiler con un mísero Jeep. Así se estaba patinando mi camioneta roja, como si estuviese en esa película de ciencia ficción. Y claro como si estuviese en lodo.
Baje el vidrio del lado del conductor, me asome y me dirigí hacia mi hermana.
--¡Jeanette, fíjate si tiene puesto el freno tu camioneta!—Le indiqué
--Está bien—De inmediato hizo lo que le pedí—Si lo tiene puesto. ¿Se lo quito?
--Si, si no se sobre calentara el motor de la Ranger—Le grite sin querer.
De inmediato sentí como se aflojaron un poco las llantas de la camioneta de atrás, así me sería más sencillo moverla. Y así fue, tuve la gran fortuna de que la camioneta de papá estuviera en casa, porque de otra forma no hubiera podido hacer lo que había hecho ya.
Acomode lo mejor que pude el vehículo de Jeanette. Me eché en reversa dentro del mismo jardín, para dejar la camioneta de mi papá tal y como la había encontrado. No quería escuchar ningún sermón, por mugre en ella.
Apagué el motor y baje de la camioneta para dirigirme a mi hermana, que tenía una cara de susto.
--Listo—Admití sonriente. Orgullosa de mi hazaña
--Si ya vi—Se limpio las lágrimas.
--¿Por qué lloras?—Le pregunte.
--Pues… es que tú haces tanto por mí—Tomo mi mano—Hasta te arriesgas a tomar el auto de tú papá. Por mí.
--Jeanette—Le levante el mentón con mi dedo índice—Eres mi hermana. Haré lo que sea por ti ¿De acuerdo?
--De acuerdo—Ella misma limpió sus lágrimas.
--Vamos adentro. Ya esta helando—Le dije.
--Si lo sé, solamente déjame saco las cosas que compramos de la cajuela—Me indico con la mano.
--Está bien. Hazlo rápido. Aquí te espero—Le anuncie.
Corrió hasta su camioneta. Abrió la cajuela y saco un montón de bolsas llenas de suvenires que habíamos comprado a las afueras del Palacio de los deportes. Cerró la cajuela y de inmediato vino corriendo en mi dirección.
--Ya—Brinco.
--Bien vámonos, no quiero que enfermes—La abracé
Entramos de inmediato a mi casa. No estaba muy calientita que digamos, puesto que yo no había estado en todo el día en ella. Y claro no había encendido la estufa para nada. Bueno sí para hacer el desayuno, pro de eso ya hacía muchas horas.
Jeanette dejo las bolsas en el sofá y me alcanzo en la puerta de la cocina. Yo estaba apagando todas las luces. Para poder irnos a descansar. Solo me hacían falta las luces del pórtico. Eran las más sencillas, solo debía pulsar el pequeño botón alado del perchero que estaba del lado derecho de la misma puerta.
Acabada esa labor, subimos las escaleras.
--Diana —Subiendo las escaleras—tu me conoces del todo, no es asi?—Pregunto en un tono muy extraño
Si—Iba detrás de ella limpiando el polvo que había en mis manos— ¿Por qué?
--No por nada. ¿Y crees que, estoy cuerda verdad? —Pregunto de nuevo con una actitud que me estaba asustando
--Si… Bueno si estas sobria sí. Cuando te pones algo ebria dudo de tu cordura—Admití. Aunque ahora estaba alerta.
--Bien, no he tomado nada. —Rió un poco—Aclaro eso ¿eh? —Me miro como insinuando que yo si pensaba que ella estaba borracha—Y entonces si yo digamos—Se puso nerviosa—Te dijera algo difícil de creer, que pusiera en duda el que no haya tomado. Cosa que no es real. Te juro que no llevo nada de alcohol en la sangre. Tú me creerías ¿Cierto?¬—Soltó una risa tonta.

--Exacto—Me quité un tenis y lo aventé arriba de las escaleras. Lugar que era a donde teníamos que llegar—Te creería cada cosa que me dijeras—Tenía que admitirlo. Así era—Aparte yo sé cuando estas ebria y cuando no. No estás diciendo tonterías como aquella vez que dijiste que amabas al chango león. —Eso no debió de haber salido de mi boca. Seguramente me iba a reclamar¬—Así que sí. En definitíva te creería.


--¿Tenias que hablar de eso? —Echó a rodar sus pupilas—Bien pues…—Se adelanto—Entonces si me creerías—Bufó a la vez que sonreía.

--Exactamente sí—La miraba con insistencia tratando de averiguar qué pasaba. No era normal que estuvieras así—Pero vamos... dime que pasa te noto. No se alerta
--¿Alerta? Nada, es solo que…—Entró en la habitación—Es solo que... —Sacó de su bolsillo trasero, un papel, estaba mirándolo insistentemente sin dejar de sonreír—Es solo que... —No se había percatado de que era como la cuarta vez que decía eso, no le quedo de otra que echar a reír pasiva.
--Es solo que ¡QUE! —Me estaba comenzando a aturdir—Solo dilo. No creo que sea tan malo. Ni que te hayas besado con Tom Kaulitz ¡por dios!—Lo dije como diría mi mamá. De dientes para afuera—Y te dio su número de habitación ¿No? —Reí nerviosa—Ya suéltalo.
--No de habitación—Soltó una risilla y repitió lentamente—“No exactamente el de su habitación”—Se tumbó a la cama, como si lo que acabara de decir fuera la cosa más sencilla y normal del mundo.
--Entonces de su celular ¿No? —Reí aun más nerviosa. No se me antojaba de buen augurio tu forma de hablar—Mira estas en confianza solo escúpelo
--Si—dijo segura de su respuesta
--¿¡Que!? —Grite con un tono de paranoia e histeria— ¿¡Hablas enserio!?
--No, estoy sonriendo como boba, sujetando un papel con un numero de celular, en la mano de un policía que se me acerco insinuándoseme muy sexy... ¡¡¡TU QUE CREES!!! —Comenzó a brincar de ¿emoción? ¿felicidad? ¿Nervios? no sé, por muchas cosas, en ese momento no sabía si estaba sonriendo o llorando, pese a que casi enfrente de mi había un espejo, si, le habían afectado y mucho esos dígitos.
--¡¡No.... JUEGUES!!—Brinqué junto con ella—Qué emoción y dime, dime que tal habla Tom. Bueno supongo que no ha de haber sido una conversación cómoda en el baño ¿No?
--Ah sí, pues es qué ¡Coño! —Había soltado una mala palabra y sin razón, estaba demasiado ¡Exaltada! de eso no había duda—Tiene una voz tan, única y todo él es tan, tan, tan... ¡¡¡¡No sé!!!! Diana me ¡Hiperventilo!
--Cálmate y siéntate en la cama—Hable con suma calma. Aunque si estaba eufórica por qué mi hermana había conocido a Tom su sueño—Cuéntame de que hablaron en el baño. Debió haber sido lindo y toda la cosa. Aunque después un total idiota haya hecho trizas tu camioneta.
--Eso…—Se quedo callada un momento. Como si estuviese buscando las palabras adecuadas—Si fue muy lindo. Y no es un ¡Player! Como dicen todas—Se puso nerviosa, o quizás enojada—Ah sí… la camioneta—Miro el papel de nuevo—Mi camioneta—Suspiro… al parecer feliz.


--¿Por qué miras el papel? —Le mire como perrito—No pienses en la camioneta. Mejor Piensa en Tom. Es mejor pensar en lo bueno que en un idiota que destrozó ese ahora cacharro carísimo
--Es que no me lo has entendido ¿cierto? —Rió—Diana ¡¡¡¡DESPIERTA!!!!—Me sacudió.

--¿Qué tengo que entender? —No lograba captar, lo que trataba de decirme.
--Se que es muy tarde y que es de noche pero ¡Despierta!—Me lanzó una miradilla, que me estaba gritando que aquel idiota, que había estrellado esa camioneta era él. Tom.
--Oh mierda no me digas que él...—No termine la oración cuando ella ya me había interrumpido.
--¡TOM, TOM SI!—Admitió emocionada
--¿Él fue el idiota que te destrozo la Lincoln?—Inquirí confundida, molesta y aturdida. Eran demasiadas sorpresas para mí. Con la misma persona.
--Baño y camioneta, si—Dije más calmada—Y no es idiota. Bueno no tanto como idiota, quizás un tarado sí. Es eso—Me sonrió.

--¿Perdón? ¿No es un idiota? Dime cómo quieres que le diga. ¿Qué maneja con los ojos cerrados o que carajos?—Grite furiosa—Casi me matas por lo que estuvo a punto de pasar con tú camioneta en el periférico. ¿Y a él no le dijiste nada?—Inquirí.

--Tonta, no te iba a matar por la camioneta. Si se que, yo la amo, pero es algo efímero. Material ¿Me entiendes?—Me lo explico tan calmada como si fuesen las dos de la tarde— Si te iba a matar ¡¡Fue porque me diste un susto de muerte!! ¡Y solo por querer saborear velocidad! .Por eso
--Ah… era por eso—Admití apenada y cabizbaja— ¡Pero eso no quita que adiós camioneta de lujo, gracias a un espécimen con trenzas!
--Ese espécimen con trenzas, es el espécimen con trenzas más hermoso del mundo—Se abrazó a sí misma, casi cantando lo ultimo—Para eso es el papel—Me lo mostro—Me va a pagar los daños
--Oh...es—Ni yo misma lo podía creerlo—Es genial que pague sus desastres. Al menos no es un niño mimado que huye de sus responsabilidades—Mire hacia el techo—Me pregunto si...
--¿Si qué?—Entre cerró los ojos intrigada y con un gran signo de interrogación en la frente. Claro literalmente hablando
--No nada olvídalo—Sacudí las manos como si estuviese espantando moscas, para alejar esa pregunta imbécil. Era más que obvio que... que hasta me costaba decirlo en mi propia mente—Dime ¿Mañana veras temprano a Tom?
--Si, iré a su hotel, el no sabe moverse aquí, así que…—Rió, pensando en esa pregunta, sonaba tan, tan irreal, que si no estuviera tan distraída del todo, seguro que vomitaría y ensuciaría mi edredón y claro el piso también—A verlo… A verlo—Suspiro— ¡A VERLO! ¡¡IRE A VER A TOM!! —Me miró— ¿¡Sabes la magnitud de las palabras que salen de mi boca!? —En realidad creo que ni ella misma lo sabia.


--Genial, al fin te pasa lo que tanto has soñado—Admití—Creo que mañana tendré que dar una buena justificación del porque faltaste a la preparatoria.
--¿En qué prepa voy? —Sí, sonó tonto pero ¿Y qué? Ella estaba distraída con su asunto de Tom. ¡Y puedo jurar que apenas recordaba su nombre! y el de personita que tenia a lado, y a mí no se me hace tonto que preguntara en que prepa va, además es mejor precaver ¿verdad? A lo mejor se le olvida de por vida se va y no lo recuerda, se pierde, muero y sí que le pongan un sello en la frente que diga “Drama Queen” .Aun así yo la amaba tal y como era.
--Supongo que en la preparatoria 6—Había perdido en definitiva a mi hermana—Y creo que no eh hecho nuestro trabajo, de el estúpido señor banner.
--Banner, banner, me suena—Se quedó pensando—Diana estoy gravísima ¿Verdad?

--Sí. En cuanto a lo de Banner él es el profesor de español, patético y que sorbe mocos—Si la habíamos perdido por completo— ¿Y sabes qué? Tú tienes un caso severo de Tomitis aguda.
--Tom—Puso una cara como de placer—¡¡Es que Diana entiéndeme!!—Se exaltaba más a cada segundo—Es Tom… Tom, ¡Thomas! ¡¡Un Kaulitz!! —Se levanto de la cama—Es simplemente él. ¡En serio moriré! —Hizo un gesto que imitaba a alguien muerto, en realidad parecía otra cosa. Con decir que verla me causo tanta gracia que me eche a reír.



--Un zombi—Reí—Ya sé que es un Kaulitz. Un kaulitz... lo sé un kaulitz—Note nostalgia en mi voz. Quizás por recordar la llamada de ese imbécil de nombre Javier—Pero recuerda, tú eres la que mejor conoce a Tom así que actúa con cordura mañana en la mañana ¿Quieres?
--Si, de hecho iba a decirte eso. No me hare ilusiones y menos con alguien como él…—Agachó la mirada, algo triste—Famoso… y además tiene mejores chicas con las que puede galantear ¡A gusto! .Yo solo pinto para él, como la chica a la que le estrelló la camioneta, hermosa y cara. Solo eso—Bufó—Eso y nada más—Se cruzo de brazos y miro el suelo. Para ella era algo duro volar, experimentar lo bonito que es conocer a tu ídolo y que de un segundo a otro te corten las alas. Dejándote en caída libre. A punto de estrellarse con la dura realidad nada más. Se había estrellado con la dura realidad. Y por completo.

--Mira—La conforte—No eches nada en saco roto. Puede que pase algo—Le alenté.

--Lo dudo, mírame, ¿Quien en su sano juicio se atrevería a siquiera mirarme?—Se miro con repudio a si misma.
--Yo—No me gustaba esa tonta actitud de: soy fea nadie me quiere… Aunque yo misma la tuviese—Así que no empieces. Mejor ve buscando algo en mi closet para que te pongas mañana. Debes verte como toda una mujer que impone. Aunque creo que mi ropa fue hecha para un palillo—Reí—Soy un popote con miembros y cabeza.
--¿Y decías tener lonjas? —Puso los ojos en blanco. Estaba algo molesta por qué yo toqué el tema— ¡Y además tú no cuentas! —Me lanzó una mirada rabiosa—A ver popote con manos y patas, ayúdame a sentarme que ¡No puedo! .Si me muevo me mareo—Bufó una vez más— ¡Ese hombre aun no me ha rozado y me estoy muriendo!—Miro hacia el techo—Diana toma nota, toma nota. No permitir que me salude de mano Tom, “Y MENOS AUN”—Recalco eso último—Que me dé un beso en la mejilla ¿Ok?

--Toma notada mi señora—Reí y ayude a sentarse a la moribunda e hiperventilada hermana que tenia— ¡Óyeme si tengo una que otra lonja que no puedo bajar! —Tome entre mis dedo ese pedazo de carne grasosa en mi estomago denominada llantita de grasa ¡—Estúpida lonja ¡Lárgate de mi cuerpo! —Fruncí el ceño—Creo que tendré que hacer aun más rigurosa mi dieta.
--¡La rigidizas más, y utilizo la defensa de mi coche para hacerte entrar en razón!—Me amenazó
--Entonces no hay problema alguno. En tu auto ya no hay defensa—Reí hasta que me doliera la boca del estomago.
--¡¡Tranquila, el chico de trenzas me dará una y nuevecita!! —Remató—La arranco si hace falta.

--No creo que me golpees. Estarás muy ocupada pensando en él—Declare muy segura de mi misma.
--¡Bah! Ya dije que no ilusiones. Cero. Nada—Cruzo los brazos—Simple y sencillamente ¡No!

--Nunca digas no, porque terminas contradiciéndote a ti misma—Le dije.
--Diana—Dijo con un tono de melancolía en la voz—No quiero arriesgarme a algo que se, no va a suceder y que solo terminara estrellándome en la dura realidad—recordó su metáfora quizá. Solo hacía ese gesto cuando lo hacía, y era demasiado cierta, incluso dolía, pese a que era solo eso. Una metáfora, dolia. Como miles de puñales incrustados en el hígado. Y les aseguro que si ese dolor ficticio matara, ella estaría ahora mismo a tres metros bajo tierra.

--Bueno—Acepte su decisión—Ahora duérmete... Mientras yo hago ese trabajo idiota. Debes estar fresca para discutir mañana el estado de esa Lincoln.
--Que más da…—Admitió abatida— ¿Qué trabajo? —intentaba cerrar sus ojos, y todo en vano, no podía si quiera mantenerlos un minuto cerrados.
--El de Shakespeare… Romeo y Julieta. Ya sabes Romanticismo y demás—Intente ocultar la alegría que me daba hacer ese trabajo—Mejor date una ducha y duérmete o quizá bebe un vaso de leche tibia. Yo mientras hago esto.
--No estoy de ánimos y ni me puedo parar, además en cuanto tome la leche veras que la regreso en seguida—Hizo amago de dormir, hasta que finalmente lo consiguió.
Cuando al fin se quedo dormida, encendí la PC. Espere hasta que el ordenador se iniciara correctamente para poder al fin ponerme a escribir la triste y romántica opinión acerca de Romeo y Julieta.
Sabia de sobra que el romanticismo se me daba. Pero era algo que nadie más debía saber. No todo el mundo lo acepta. Y mucho menos en el siglo XXI
Comencé el trabajo con una breve paráfrasis de lo que era para mí el amor. Y fue allí cuando sentí un gancho al hígado.
Sus ojos, su mirada me comenzaban a atacar.
Cabello rapado por los lados, maquillaje y sonrisa perfecta. La pequeña descripción de mi atacante mental. Incluso era una amenaza para Jeanette también, porque de no ser que yo acabara ese reporte, ella también reprobaría literatura con Banner.
Medio dormida, Jeanette comenzó a moverse. Quizás pensaba, en que haría al día siguiente. Ojala y todo salga por lo menos, con decencia. Y después se calmo.
Oí la inquietud de Jeanette de nuevo en la cama. Seguramente los nervios, seguían por lo que haría mañana con Tom Kaulitz Trümper.
Me acerque a ella y sobe su cabeza con mis manos.
--Shhh... Duerme. Todo Estará bien—Le susurré al oído con suma dulzura y delicadeza—Descansa. Solo eso descansa.
--Diana—Susurró entre dormida—No quiero estrellarme, ¡No quiero¡—Una pequeña lágrima resbalo por su mejilla, mojando todo lugar que recorría incluida la almohada en la que su cabeza estaba recargada—En cada recoveco de mi mente esta él. Su sonrisa, las cosas tan bonitas con las que se refería a mí, imposible… ¿Pero podrá ser cierto? Y me está matando por dentro.
--No lo harás. No te estrellaras. Las princesas siempre saben qué hacer y tu no serás la excepción—Limpie la lágrima que había dejado caer—Dedica tu mente a pensar en ti. No más en el. Inténtalo
--Si pienso en mí solo me deprimiré más—Rió un poco mientras hacía el intento de abrazarme.
--Entonces piensa en gomitas—Aguante una risilla—Sobre todo las de mandarina ¿Recuerdas?—Deje que me abrazara como a un osito de felpa.
--Hmm si—Se las saboreaba, de verdad que le gustaban un montón—Diana ¿Para cuándo es ese trabajo de tal Bender ese o como se llame?

--Banner—Le corregí—Para mañana. ¿Y tu porque me preguntas eso? Solo piensa en gomitas y no en tarea.
--Por qué no quiero que te desveles—Me abrazo aún más fuerte. Como queriendo que me acostara para usarme de almohadón.
--No me voy a desvelar. Te aseguro que cuando menos te lo esperes ya estaré aquí contigo—Le prometí.
--Bueno—Se acomodó y se hizo una pelota. Algo así como en posición fetal—Que pases Buena noche.
--Igualmente—La arropé y volví al escritorio donde estaba mi PC—Duerme bien.
Trate de seguir mi trabajo. Shakespeare se merecía tener toda mi atención y sobretodo esa novela tan romántica y delicada como lo era Romeo y Julieta.
Decidí antes de ponerme de lleno a escribir, que tenía que servirme una buena taza de café para aguantar las horas que me llevaría hacer un trabajo digno de diez en la clase del Sr. Banner.
Deje un documento de Word en blanco. Y Bajé hasta la cocina. Ya allí tome una taza amplia y honda en la cual me cupiera una buena cantidad de café. La llene de agua y la metí al microondas le di 3 minutos para que el agua estuviera en el punto que a mí me gusta. Ya hecho eso, me dispuse a buscar el café soluble en las gavetas de la alacena, estaba segura de que yo había comprado uno la semana pasada cuando fui al supermercado. Y debí de haberlo guardado en algún lugar.
Iba a encontrar ese café. Seguramente estaba al lado de las barras de pan de caja. Tenía que estar allí. Yo recordaba haberlo puesto en ese lugar. Y si no estaba era porque yo ya padecía de lagunas mentales.
Busqué en el lugar donde se suponía tenía que estar mi producto favorito. Y así era. Allí estaba. Era una prueba de que yo no padecía Alz Heimer como creía.
Y justo a tiempo, que lo había encontrado. El microondas me aviso que mi agua ya estaba lista. Puse el café en la mesa y saqué mi taza con mucho cuidado por la oreja. No quería quemarme así que de inmediato la puse justo ha lado del café soluble.
Saqué una cucharita cafetera del cajón de cubiertos y me dispuse a hacer mi mezcolanza de polvos en esa hirviente agua.
Le echaría tres cucharaditas de café y unas seis de azúcar. Me gustaba demasiado el azúcar, quizás por eso la ingería con tanta frecuencia. Estaba segura que era un vicio por la glucosa.
Mezcle todo, le dpi un sorbo y me di cuenta, que le hacía falta una cucharadita y media más de azúcar. Así que se la agregué.
Terminado esto subí las escaleras hacía mi cuarto para ahora sí. Dedicarme de lleno en la escritura de mi trabajo.
Deje la taza a mi lado derecho. Junto a mi lámpara. Y comencé a redactar.
Las palabras y las ideas fuero fluyendo sin control y mis dedos se movían tan rápido que ni yo misma me lo podía creer.
El tiempo también transcurrió sin que yo me percatara. Cuando al fin había cavado el trabajo y lo mande imprimir. Eran las cinco de la mañana en punto.
Me quedaba poco tiempo para hacer tantas cosas, cómo: Ducharme, cambiarme, alistar mi mochila, poner la alarma para que Jeanette no llegara tarde a su cita con Tom, dejarle el desayuno hecho, mover la camioneta de mi papá para que ella pudiera sacar la suya cuando lo necesitase, tomar el autobús escolar y entrar a clase claro.
Todo eso en tampoco tiempo, terminaría matándome. Eso sin contar que no había pegado el ojo en toda la noche.
Eso solo dignificaba una cosa. Me pondría de mal humor en el colegio, era más que seguro que eso pasaría.
Pronto a mi cabeza llego la grandiosa idea, de hacer todo lo que pudiese mientras mi trabajo e imprimía, no esperar como una boba sin remedio sentada ante el monitor, esperando que se imprimieran unas sesenta y cinco hojas. Me levante de mi asiento. Me acabé el último sorbito de café que quedaba en mi taza y me dirigí al baño a darme una ducha rápida.
Cuando salí del baño, me cambié y me dirigí hacia la cocina a hacer el desayuno de Jeannette. Y así fue, le prepare unas deliciosas crepas rellenas de mermelada de fresa y con un poco de queso cottage encima. Tenía la esperanza de que se las comiera, porque conociéndola pensaría que es comida de dieta y les haría el feo a mis crepas. Así que para aclararle el asunto pensé en dejarle una nota. Antes de eso le puse una tapa de plástico, que se suponía su función era conservar un poco el calor de los alimentos mientras tuvieran a esta encima.
Subí las escaleras apurada, me acerque de nuevo a mi escritorio, esta vez para tomar una nota post-it para escribir el recado que le dejaría a Jeanette, justo pegado en frente del reloj. Este sonaría algo así de las 7:30am para que ella tuviera tiempo de arreglarse y conducir…bueno más bien llegar como fuese a ese hotel a ver a su Tom.
La nota decía:
Jeanette:
Si estás leyendo esto son las 7:30 am, debes levantarte.
Recuerda que hoy debes ver a Tom. Creo que eso por nada del mundo lo olvidaras, así que Dúchate, arréglate y por favor desayuna. Te deje algo hecho. Está en la mesa.
Llama a un servicio de taxis para que te dejen en tu destino.
El número está en la hielera.
Te quiere.
Diana
Era todo. Al menos la computadora y la impresora ya habían acabado su trabajo. Era tiempo de apagarlas. Se merecían un descanso.
Tomé el mouse, cerré todas las ventanitas y pulse el botón de apagado. Y comenzó a cerrarse el sistema. Apagué la impresora solo apretando el botón rojo. Y después apagué el monitor. Salí de mi habitación procurando no hacer mucho ruido para no despertarla.
Baje las escaleras. Y tome las llaves de la camioneta de mi papá. La moví a la entrada, para que la grúa pudiese sacar el cacharro lujoso ese. Entre de nuevo a la casa y deje las llaves en su lugar y estaba a punto de salir de la casa, cuando recordé que mi mochila y el trabajo estaban allí arriba, en mis aposentos. Tuve que subir por ellos con sumo cuidado y claro sin hacer alboroto alguno.
Salí de casa a tiempo, con unos ocho minutos para correr hasta la parada del autobús escolar. No me aliviaba nada tener tan poco tiempo para correr, pero qué más daba. No tenía opción.
Cuando llegue a la parada tenía 30 segundos de tiempo libre. ¿¡Qué gran premio no!?
--Bah—Bufé— ¡Estúpida escuela!
El camión llego, subí a él y comenzó un día nuevo para mí. Y para Jeanette también.

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