domingo, 14 de noviembre de 2010

CAMBIOS DESAPERCIBIDOS

CAMBIOS DESAPERCIBIDOS
Parecía mentira, pero agradecía que Jeanette me hubiese dado ese golpe, me acababa de reacomodar las ideas.
Ciertamente ella sabía cómo hacerme reaccionar. Claro es algo rudo que llegue alguien y te dé tremendo bofetón para que reacciones, pero qué más da. Amaba a mi adorada Jeanette, por mucho que me golpeara.
Bueno a decir verdad, solo cuando empezaba a hablar de Javier y de su traición más de la cuenta, ella se desesperaba y le daban ganas de asfixiarme. Pero fuera de eso, era mi hermana, mi ángel guardián.
-¡Hey, lávate detrás de las orejas—Declaró Jeanette con un tono autoritario, mientras me ayudaba limpiando el lodo que había en mis botines—Las personas lucen algo repulsivas, si no se lavan detrás de las orejas.
--Si Jeanette, te prometo lavarme detrás de las orejas.
Me mire al espejo y lo único que veía era un chica cubierta de fango, como paleta de leche cubierta de chocolate liquido, cómo una paleta que venden en las paleterías la Michoacana.
Fui realista con la situación limpiándome con toallas de papel y agua, no desaparecería toda esa suciedad de mi persona.
--Jeanette tengo algo que decirte.
--¿¡Qué!?
--Mira no creo que con toallas de papel y agua se valla el lodo
Me interrumpió no me dejó terminar.
--¿Y?, ¿Acaso quieres meterte al lavamanos para darte una ducha?—Obviamente estaba siendo sarcástica conmigo. Jeanette estaba poniendo en duda mi cordura y mi capacidad de entender un buen sarcasmo--¡Oh ya se!, Quieres enjuagarte en los aspersores de los jardines, ¿Cómo no lo había pensado, Jeanette porqué eres tan estúpida a lo evidente?
Puse los ojos en blanco.
--Disculpe usted señorita sarcasmo, ¿Podría hablar con Jeanette?
--Está bien habla…
Comencé a contarle mi plan
--Mira a estas horas, no hay nadie en la alberca, ¿verdad?
--No, no hay nadie
--Bien la idea es que, yo valla a las regaderas de los vestidores y allí me duche, nadie se dará cuenta.
--No es mala idea hunny—Se quedó meditabunda—Pero ¿Qué pasará con la ropa que traes puesta?, esta toda llena de lodo y no tienes nada que ponerte.
--Mira eso se resuelve, solo con que tú vallas a mi casillero, te sabes la combinación y sacas mi maleta de deportes, allí tengo mi pants y más cosas, solo las uso y asunto arreglado.
--¡Bien, no suena mal, nada mal esta idea¡
--Bien amore, manos a la obra.
--Si wey si fuera albañila lo haría, pero no lo soy.
Le lancé una mirada furtiva.
--Tú sabes a que me refiero Jeanette, así que andando.
--Está bien amargada andando, pero antes ponte las botas, ¿No?, digo porque no pensaras salir a el campus en calcetines ¿O sí?, capaz y te da algo.
--¿¡Qué me va a dar!?
--Pues pie de atleta, te olerán feo los pies, te saldrán champiñones feos y cosas así. ¡Qué asco¡
--Claro—Puse los ojos en blanco, me puse los botines y até las agujetas—Lo dices por experiencia, ¿Verdad?
Jeanette tardó en reaccionar a mi insulto, bueno más que insulto era sarcasmo. Quizás pasaron más de 2 minutos sin que ella reaccionara, hasta que al fin lo hizo.
--¡Oye tú!—Arrugo el ceño—Ven acá, pedazo de…
La interrumpí antes de que siquiera acabara la frase.
--Hahahahahahahaha, pedazo ¿De qué?—Salí del baño y empecé a correr—Si no me alcanzas anciana, no sabré lo que dices.
--Cuando te alcance tú… tú—Se quedo callada un segundo, como si estuviese maquinando un plan malévolo—Tú conocerás mi furia.



Seguí corriendo hasta que llegue a la entrada de la alberca.
--Jeanette, te veo después.
--Deacuerdo.
Tomamos diferentes caminos, ella se dirigía a los lockers por mi maleta y yo, a quitarme el fango de encima.
Corrí hasta los vestidores, de la alberca. Eso si lo hice con mucha cautela, no quería que nadie se diera cuenta de mi presencia y que me regañaran o algo por el estilo.
Me apresuré a ducharme, me deshice de mi ropa cubierta de fango, estaba realmente asquerosa. Me situé en la regadera del fondo, la más lejana de todas, así nadie me vería ni me escucharía. Al principio mi ducha fue placentera, hasta que oí voces que se acercaban cada vez más ninguna se parecía a la de Jeanette así que cerré la llave del agua y me envolví en la toalla, para esconderme.
Me escabullí por las regaderas, con el suelo húmedo, pero las voces se acercaban cada vez más a mí.
Entonces, llegue a la entrada de la alberca y me introduje en ella, solo con una toalla encima, debajo de ella estaba absolutamente desnuda.
Tal y como vine al mundo
Pero era eso o dejar que me atrapen desnuda, unos tipos que no conozco. Así que tome una gran bocanada de aire y me sumergí
Espere, pacientemente mientras esas personas al parecer husmeaban, porqué sospechaban de que había alguien en las instalaciones.
Los pulmones me empezaron a arder, el aire se me estaba acabando pero tenía que aguantar más, y así lo hice
Hasta que oí como las pisadas eran fuertes y después ya no las oía, así que se habían ido
pero aguante un poco mas quizás regresarían, pero al fondo percibí la voz de Jeanette
Esa voz era inconfundible, así que emergí del agua desesperada por respirar.
Jadeé por aire, sentía que mis pulmones explotarían y era normal. Pase cerca de un minuto y medio bajo del agua, esperando a que quien sabe quién demonios acabara su inspección.
Salí como bólido de la piscina sin fijarme en nada. Hasta que la toalla que yo traía puesta encima se calló era lógico, estaba atiborrada de agua y no se sostendría, así que dejó al descubierto mis atributos.
--¡Por dios cúbrete!—Gritó histérica Jeanette—No quiero ver tus miserias.
Me quede perpleja y tomé la toalla, aunque estuviese a su máxima capacidad de agua, la sujete con ambas manos para que no se cayera de nuevo y sere sincera ese “tus miserias” había herido un poco mi ego.
Jeanette y yo caminamos juntas hasta los vestidores de nuevo.

1 comentario:

  1. Jajaja muy gracioso el asunto!(:
    que bueno que la chica ya esta riendo más
    y su amiga la ayuda :D
    muy padre!jajaja me hace reir xP

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